30535(02-12-08)

2008

Asistente Jurídico Inteligente

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    Proceso     No  30535   

CORTE   SUPREMA   DE  JUSTICIA   

SALA   DE   CASACIÓN  PENAL   

Magistrada Ponente:  

MARÍA    DEL    ROSARIO   GONZÁLEZ   DE  LEMOS   

Aprobado Acta No. 348.  

Bogotá  D.C.,  diciembre dos (2) de dos mil  ocho (2008)   

VISTOS  

A  través  de  este  proveído  la  Sala se  pronuncia  sobre  el cumplimiento de los requerimientos de presentación lógica  y  argumentación suficiente en la demanda de casación allegada por el defensor  del  incriminado  ALFONSO ALFARO MARTÍNEZ,  contra  la  sentencia  de  segunda  instancia  proferida  por  el  Tribunal  Superior  de  Bogotá  el  12  de  marzo  de 2008, confirmatoria de la  dictada  por  el  Juzgado Primero Penal del Circuito de la misma ciudad el 17 de  octubre  de  2006,  por  cuyo  medio condenó al mencionado ciudadano como autor  penalmente   responsable  del  concurso  de  delitos  de  falsedad  material  en  documento público y falsedad en documento privado.   

HECHOS Y ACTUACIÓN PROCESAL  

En  atención  a  que  mediante  una llamada  anónima   la  Policía  de  Bogotá  obtuvo  información  acerca  de  posibles  actividades  delictivas  a  las  cuales se dedicaba quien luego fue identificado  como     ALFONSO    ALFARO    MARTÍNEZ,  miembros  de dicha entidad procedieron a requisarlo el 8 de abril  de 2002 en la carrera 18 con calle 17 sur de esta ciudad.   

En  poder  del mencionado ciudadano hallaron  varios  documentos,  entre  ellos,  una  cédula  de  ciudadanía  a  nombre  de  Alberto  Alfaro  Martínez en  formato  no  auténtico,  dos  tarjetas  de  crédito  Diners Club Internacional  falsificadas,  con  información  de  banda  magnética a nombre de Adalgisa  Herrán  Osuna,  cuyos titulares  eran  en  verdad  Horacio  Moreno  Camacho  y  Giorgio Henmsdorff Baraco,   utilizadas   el  día  6  de  abril  para  pagar  las  sumas  de  $1.165.000.oo  y  $2.055.000.oo.  Una  tarjeta de crédito del Banco Santander a  nombre   de   Juan   Carlos  López  Mesa,  quien  rechazó  haber  efectuado  la transacción del 2 de abril  de   2002  con  cargo a su tarjeta por la suma de $822.000.oo, un carné de  Comcel    y    otro   de  Comunicaciones    Móviles    Ltda.,    ambos    a    nombre   de   Alberto   Alfaro  Martínez  pero  con  la  fotografía  del  incriminado,  amén de recibos de pago realizados con aquellas  tarjetas, circunstancia que determinó su captura.   

La Fiscalía Seccional de Bogotá dispuso la  apertura  de  instrucción,  en marco de la cual vinculó mediante indagatoria a  ALFONSO  ALFARO  MARTÍNEZ,  resolviéndole   su   situación   jurídica  con  medida  de  aseguramiento  de  detención  preventiva  como  posible  autor  del concurso de delitos de estafa,  falsedad  personal  y  falsedad  en documento privado.   

Clausurada  la  fase instructiva, el mérito  del  sumario fue calificado el 15 de enero de 2004 con resolución de acusación  en  contra  del procesado como posible autor del concurso de delitos de falsedad  en  documento  público  y falsedad en documento privado, oportunidad en la cual  se  precluyó  la investigación adelantada por los delitos de estafa y falsedad  personal.   

Impugnada  la  providencia acusatoria por la  defensa,  la  Unidad  de  Fiscalía  Delegada  ante  el  Tribunal  de Bogotá la  confirmó mediante resolución del 2 de junio de 2004.   

El ciclo del juicio correspondió adelantarlo  al  Juzgado  Primero Penal del Circuito de Bogotá, despacho que una vez surtido  el  rito  pertinente profirió fallo el 17 de octubre de 2006 por medio del cual  condenó  a ALFARO MARTÍNEZ a  la  pena principal de cuatro (4) años y seis (6)  meses de prisión y a la  accesoria   de  inhabilitación  para  el  ejercicio  de  derechos  y  funciones  públicas  por  el mismo lapso como autor penalmente responsable del concurso de  delitos  objeto  de acusación. En la misma providencia le fue negada la condena  de   ejecución  condicional  y  la  prisión  domiciliaria  sustitutiva  de  la  intramural.   

Impugnada  la  sentencia por el defensor, el  Tribunal  Superior  de  Bogotá  la  confirmó mediante fallo del 12 de marzo de  2008,  contra  el  cual  se  dirige ahora el recurso extraordinario de casación  interpuesto por el mismo profesional del derecho.   

EL LIBELO  

          Contra  la  sentencia  de  segundo  grado  la  defensa  propone tres  censuras, cuya postulación y desarrollo son los siguientes:   

          Primer cargo: Violación del derecho de defensa.   

          Advera  el  recurrente  que en los artículos 333 y siguientes de la  Ley  600 de 2000 se establece que la indagatoria es un medio de defensa, de modo  que  debe  ser rendida sin restricciones ni limitaciones y, por tanto, si en tal  diligencia    el    acusado    afirmó   que   Martha  Benavides,  a  quien  se le puede ubicar en la Avenida  Jiménez  entre  carreras 7ª y 9ª, fue la persona que a la una de la tarde del  día  en  que se produjo su captura le entregó unos papeles y un cubrelecho que  le  devolvería  a  las  cuatro del mismo día en el barrio Restrepo, documentos  entre  los cuales estaban dos tarjetas de crédito, unos recibos y un pasaje, la  Fiscalía tenía la obligación de constatar dicha cita.   

En tal caso, precisa, debió “pedirle  a la Registraduría Nacional del Estado Civil las cartillas  decadactilares   de   las   ciudadanas  registradas  como  MARTHA  BENAVIDES  y,  posteriormente,  proceder a realizar un reconocimiento con el sindicado para que  manifestara  cuál  de  ellas  fue  la  persona  que le entregó las tarjetas de  crédito   (…)   ampliarle   la   injurada   y   ratificar   el   cargo   bajo  juramento”,  labor  que  no  adelantó  el organismo  acusador.   

Añade  que si se hubiera verificado la cita  de  su  representado, el fallo no habría sido condenatorio, sino de absolución  a  favor de ALFONSO ALFARO, de  modo  que  se  configuró  la  causal  de  nulidad por violación del derecho de  defensa,  circunstancia  que  impone invalidar la actuación a partir del cierre  de  investigación  en procura de rehacer lo actuado para individualizar  y  vincular  a  Martha Benavides,  además  de dejar sin efecto el incremento de la sanción impuesta en razón del  delito de falsedad en documento privado.   

          Segundo  cargo  (subsidiario):  Violación  directa  por aplicación  indebida del artículo 289 de la Ley 599 de 2000.   

          El  defensor  argumenta que los falladores erraron en la aplicación  del  referido precepto, pues si bien su procurado fue aprehendido al hallarse en  su  poder  documentos  espurios,  lo  cierto  es  que  el  delito de falsedad en  documento  privado  requiere que además de la falsificación, el autor los use,  pero  como  al  momento de la aprehensión el incriminado no estaba haciendo uso  de  dichos  instrumentos,  es  claro  que  su conducta resulta atípica, pues no  falsificó los documentos y tampoco fue quien los utilizó.   

          A  partir  de lo anterior, el censor concluye que se impone casar la  sentencia  impugnada,  para  en  su  lugar  absolver  al  procesado ALFARO  MARTÍNEZ por el delito de falsedad  en documento privado.   

          Tercer   cargo   (subsidiario):   Violación  indirecta  de  la  ley  sustancial por falso juicio de legalidad.   

          Asevera    el   casacionista   que   los   sentenciadores   violaron  indirectamente  la  ley  sustancial,  toda  vez  que  incurrieron en un error de  derecho  por  falso  juicio  de  legalidad al fundamentar el fallo en el estudio  técnico  realizado por el Auditor de INCOCREDITO sobre las tarjetas de crédito  a  nombre de Adalgisa Herrán,  sin  tener  en  cuenta  que  dicha  prueba  no  fue  ordenada y el perito no fue  posesionado  prestando  el  juramento respectivo, es decir, no se cumplieron las  formalidades  establecidas  en  la  ley, circunstancia que torna ilegal el medio  probatorio  en  tales  condiciones aducido y, en consecuencia, debía tenérsele  como  inexistente,  con  mayor  razón  si  el  experto  del  Cuerpo Técnico de  Investigación  que  analizó  las  tarjetas  Diners  encontradas  en  poder del  incriminado concluyó que el formato era auténtico.   

          Entonces,  el  demandante  solicita  a la Sala casar parcialmente la  sentencia  impugnada,  en  el sentido de absolver a su asistido por el delito de  falsedad  en  documento  privado, amén de efectuar la correspondiente rebaja en  la dosificación de la pena.   

CONSIDERACIONES DE LA SALA  

          En  el  estudio  de los requisitos para concurrir a este instrumento  de   impugnación   extraordinaria  es  deber  de  la  Sala  verificar  que  los  impugnantes  ofrezcan  sus  reparos  de  acuerdo con las exigencias de lógica y  adecuada  argumentación  definidas  por  el  legislador  y desarrolladas por la  jurisprudencia,  con  el  propósito  de eludir que este recurso se convierta en  una  tercera instancia. Tales  requisitos  se  orientan  a conseguir libelos enmarcados dentro de unos mínimos  lógicos  y  de  coherencia  en  la  postulación  y  desarrollo de las censuras  propuestas,  de  suerte  que  resulten inteligibles en cuanto precisas y claras,  pues  dentro  del ámbito de las funciones constitucionales y legales de la Sala  no  está  llamada a develar o desentrañar el sentido de confusas, ambivalentes  o contradictorias alegaciones de los impugnantes en casación.   

Dicho  lo  anterior se tiene, que de acuerdo  con  el  inciso  1º  del  artículo  205  de  la Ley 600 de 2000, el recurso de  casación  procede contra sentencias de segundo grado proferidas “por  los  tribunales  superiores  de  distrito  judicial  y  por  el  Tribunal  Penal  Militar”, siempre que se proceda por  “delitos  que  tengan señalada pena privativa de la  libertad    cuyo    máximo    exceda    de    ocho  años” (subrayas fuera de texto).   

Tratándose de fallos de segunda instancia no  proferidos  por  los  mencionados  tribunales  o cuando el delito por el cual se  procede  tiene  pena  privativa  de la libertad inferior al quantum señalado en  precedencia  (como  acontece  en  este  caso)  o  sanción  no restrictiva de la  libertad,  el inciso 3º del artículo 205 del estatuto procesal penal faculta a  esta  Sala  para admitir discrecionalmente los libelos de casación presentados,  “cuando lo considere necesario para el desarrollo de  la  jurisprudencia  o  la  garantía  de los derechos fundamentales, siempre que  reúna    los    demás    requisitos    exigidos    por    la   ley”.   

          En  la  labor  de  demandar en casación por la vía discrecional es  deber  del  recurrente  indicar  con  claridad  y precisión los motivos por los  cuales  debe intervenir la Corte, ya para pronunciarse con criterio de autoridad  respecto   de  un  tema  jurídico  específico,  bien  para  unificar  posturas  conceptuales  o  actualizar  la  doctrina,  ora  para abordar un tópico aún no  desarrollado,  con  la  obligación  de  señalar  de  qué  manera la decisión  solicitada  tiene  la  dual  utilidad de brindar solución al asunto y servir de  guía a la actividad judicial.   

Si  el  objetivo  del   actor  se  dirige a  asegurar  la  garantía  de  derechos fundamentales, tiene el deber de acreditar  la  violación  e indicar las normas constitucionales  que  protegen  el derecho invocado, así como demostrar su desconocimiento en el  fallo recurrido.   

No  es  procedente reclamar simultáneamente  las  dos  especies  de  casación  (ordinaria  y  discrecional),  en  cuanto son  excluyentes,  pues  la  segunda  es sucedánea de la primera, es decir, sólo es  viable cuando no procede la casación ordinaria.   

         En     el     asunto     sub   examine   encuentra  la  Sala  que  en  punto del recurso extraordinario de casación se  impone  acudir  a  la  vía  discrecional,  pues  se  procede  por  los  delitos  de falsedad material en documento público y falsedad  en       documento      privado      establecidos  en    los   artículos  287   y  289   de   la   Ley   599   de   2000,   cuya  pena  máxima  privativa de la libertad no supera los referidos ocho (8) años  dispuestos     para     acceder     a     la     casación    común.   

         No     obstante,    el    defensor omite  demostrar   a   la  Sala  alguna    de    las    posibilidades   dispuestas  por  el  legislador  para que  admita    discrecionalmente     su     demanda,     de  manera  que  no identifica en concreto  la  temática objeto del pronunciamiento. Tampoco dice si sobre el particular ya  hay  jurisprudencia y, de ser así, cuáles son las decisiones que se ocupan del  asunto  y  cómo  se relacionan con el caso objeto de estudio, falencia que a la  postre  le  impide  identificar  el  punto dudoso, la existencia de providencias  contradictorias,   o   el   vacío   cuyo   análisis  supone  un  planteamiento  jurisprudencial  y  cómo  el  desarrollo  del concepto reclamado tiene la doble  utilidad  de  servir,  tanto para este trámite, como para la solución de casos  similares.   

Además, del libelo analizado no se consigue  establecer  con  precisión  la  denuncia  de  agravio  alguno  a  los  derechos  fundamentales  del  acusado,  pues  aunque  el  actor  plantea  la violación al  derecho  de  defensa, la aplicación indebida del artículo 289 de la Ley 599 de  2000  y la presencia de un error por falso juicio de legalidad, en el desarrollo  de  dichas  censuras  no  se sujeta a las directrices para demandar en casación  tales aspectos.   

          En  efecto,  en cuanto se refiere al primer  cargo tiene dicho la Sala que tratándose de la causal  tercera  de  casación  el  actor  tiene  el  deber  de señalar con claridad la  especie   de  incorrección  sustantiva  que  determina  la  invalidación,  los  fundamentos  fácticos  y  las normas que estima conculcadas, con la indicación  de  los  motivos  de  su  quebranto.  También  es  de su resorte especificar el  límite  de  la  actuación  a partir del cual se produjo el vicio, así como la  cobertura  de  la  nulidad, demostrar que procesalmente no existe manera diversa  de  restaurar  el  derecho  afectado  y,  lo  más  importante, acreditar que la  anomalía  denunciada  tuvo incidencia perjudicial y decisiva en la declaración  de  justicia  contenida en el fallo impugnado (principio de trascendencia), pues  este  recurso extraordinario no puede sustentarse en especulaciones, conjeturas,  afirmaciones  carentes  de demostración o en situaciones ausentes de quebranto,  reglas no acogidas por el impugnante en sus planteamientos.   

Al  verificar  los  argumentos  del defensor  respecto  del  primer  cargo  se encuentra que pese a aducir la vulneración del  principio  de investigación integral, no señala qué impidió al procesado o a  su   defensor   en   el   curso   del  diligenciamiento  ubicar  a  Martha  Benavides  y  solicitar  que fuera  escuchada  en  declaración,  pues ilógico por decir lo menos resulta que se le  citara  a  la  “Avenida Jiménez entre carreras 7ª y  9ª”,  única  dirección  que  de  ésta aportó el  incriminado,  cuando  lo  cierto  es  que  hasta  la dirección residencial y el  teléfono     que     el     indagado    señaló    como    suyos    resultaron  inexistentes.   

Tampoco   era   viable   que  ALFARO     MARTÍNEZ     realizara    un  reconocimiento  fotográfico sobre las tarjetas decadactilares que figuraran con  dicho  nombre  en la Registraduría Nacional del Estado Civil como lo propone el  censor,  amén  de  que  el  recurrente  no  dice, ni la Sala advierte, por qué  razón  si se hubiera escuchado en declaración o en indagatoria a la mencionada  dama  el  sentido  del  fallo sería diverso, de modo que el reproche no pasa de  ser una conjetura del casacionista.   

          Respecto  de la segunda censura  se  constata, que el defensor no explica por qué para estructurar  el   delito  de  falsedad  en  documento  privado  es  necesario  sorprender  en  flagrancia  a  su autor al momento de usar el instrumento espurio, exigencia por  completo  ajena  al  principio  de  libertad  probatoria  que rige en el derecho  procesal penal colombiano.   

          Tampoco  expone el motivo por el cual hay que excluir el uso en este  asunto,  cuando en verdad el procesado al momento de su aprehensión portaba los  recibos  de compras no consentidas por los verdaderos titulares de las tarjetas,  realizadas  dos  días  antes,  proceder  que  de  acuerdo  con las reglas de la  experiencia  permite  inferir fundadamente que él directamente u otra persona a  instancia  suya  realizó  tales  transacciones,  pues  no  de  otra  manera  se  justifica que portara dichos recibos.   

          Finalmente  observa  la  Sala  que tampoco el impugnante se ocupa de  desvirtuar   con   precisión  los  argumentos  expuestos  a  espacio  sobre  el  particular  en  las  instancias,  en especial lo señalado por el Tribunal en el  fallo de segundo grado.   

          Acerca   del   tercer  reparo  considera  la  Colegiatura  que como el censor plantea un error de  derecho  por  falso  juicio  de  legalidad,  el  cual  se  presenta  cuando  los  falladores  al apreciar alguna prueba la asumieron erradamente como legal aunque  no  satisfacía  las  exigencias  señaladas  por  el  legislador para tener tal  condición,  o la descartaron aduciendo de manera equivocada su ilegalidad, pese  a  que  se  cumplieron  cabalmente  los  requisitos dispuestos en la ley para su  práctica  o  aducción,  era su deber identificar el medio probatorio que tacha  de  ilegal,  indicar las disposiciones legales o constitucionales cuyo quebranto  determina  su  ilegalidad y demostrar la efectiva ocurrencia de lo denunciado, o  bien,   debía   comprobar   la   legalidad   de  la  prueba  desechada  por  el  juzgador.   

En  los dos eventos anteriores, también era  de  su  resorte  acreditar  la  trascendencia  del yerro en las conclusiones del  fallo,  esto  es,  demostrar  que  con  la marginación de la prueba que se dice  ilegal,  las  restantes pruebas conducen a una decisión sustancialmente diversa  de  la  atacada,  o  que  con la incorporación del medio de prueba que el actor  estima  legal,  las conclusiones son distintas de las contenidas en la sentencia  impugnada, labor no emprendida por el defensor.   

En  efecto,  aunque identifica la prueba que  considera  ilegal y cita los artículos 232, 249 y 252 de la Ley 600 de 2000, no  expone  las  razones  por  las  cuales  el  estudio  adelantado  por  el Auditor  Investigador  de  INCOCREDITO  es  ilegal,  pues  sólo  dirige  su  actividad a  resaltar  que en su criterio debió tenerse en cuenta el dictamen rendido por un  miembro  del  Cuerpo  Técnico  de  Investigación  sobre la autenticidad de las  tarjetas     halladas    en    poder    de    ALFARO  MARTÍNEZ,  caso  en  el cual tenía la obligación de  refutar  los argumentos que sobre esta temática fueron expuestos hondamente por  el  ad  quem en la decisión  impugnada.   

          Omite  de  igual  manera discurrir acerca del momento procesal en el  cual  fue  realizado  el  estudio  que  tacha  de  ilegal y tampoco se detiene a  pronunciarse  sobre  lo  afirmado  en  el  informe suscrito por el Subintendente  Orlando  Durán  Márquez al  respecto,  esto es, sobre la falta de autenticidad de los documentos hallados en  poder del acusado al momento de su captura.   

De  conformidad con lo expuesto advierte la  Sala  que si el defensor no  ajusta  su  demanda  a las mencionadas exigencias dispuestas, de una parte, para  acceder  a  la  casación discrecional y, de otra, para postular y demostrar los  reproches  contra  el  fallo  de  segundo  grado  y,  en virtud del principio de  limitación  que  rige el trámite casacional la Corte no se encuentra facultada  para  enmendar  las  falencias de aquella, de conformidad con lo dispuesto en el  artículo  213  de  la  Ley  600  de  2000 se impone de plano la inadmisión del  libelo.   

          Para  concluir debe la Sala señalar que no se encuentra  en  el  trámite  del  proceso o en la  decisión         atacada,        quebranto  de  derechos o garantías del  acusado,  como para que tal incorrección impusiera  el  ejercicio  de  la  facultad  oficiosa  que  sobre el  particular  le  confiere  el  legislador  en  punto de  asegurar su protección.   

          En  mérito  de  lo  expuesto, la CORTE SUPREMA DE JUSTICIA, SALA DE  CASACIÓN PENAL,   

RESUELVE  

INADMITIR   la  demanda   de   casación   interpuesta   por   el   defensor   de   ALFONSO   ALFARO   MARTÍNEZ,  por  las  razones expuestas en la parte motiva de esta decisión.   

De  conformidad  con  lo  dispuesto  en  el  artículo  187  del  Código  de  Procedimiento  Penal, contra este proveído no  procede recurso alguno.   

Notifíquese y cúmplase.  

SIGIFREDO ESPINOSA PÉREZ  

Comisión de servicio  

JOSÉ LEONIDAS BUSTOS MARTÍNEZ                                ALFREDO      GÓMEZ  QUINTERO   

MARÍA   DEL   ROSARIO   GONZÁLEZ   DE  LEMOS               AUGUSTO   J.   IBÁÑEZ  GUZMÁN             

JORGE  LUIS  QUINTERO  MILANES                                YESID      RAMÍREZ  BASTIDAS   

JULIO  ENRIQUE  SOCHA     SALAMANCA                                 JAVIER ZAPATA ORTÍZ   

TERESA RUIZ NÚÑEZ  

Secretaria    

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