28997(13-02-08)

2008

Asistente Jurídico Inteligente

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    Proceso No 28997  

CORTE SUPREMA DE JUSTICIA  

SALA DE CASACIÓN PENAL  

Magistrado Ponente  

JAVIER ZAPATA ORTIZ  

Aprobado  Acta  No.  28   

Bogotá,  D.C., trece  (13 ) de febrero  de dos mil ocho (2008)   

D E C I S I Ó N  

Con  el  fin  de  verificar  si  reúne  las  exigencias  formales que condicionan su admisión, estudia la Sala la demanda de  casación  elevada  por  el representante de la víctima, contra el fallo del 14  de  septiembre  de  2007, mediante el cual el Tribunal  Superior   de   Distrito   Judicial   de   San   Gil,  declaró  nulo  el  incidente de reparación integral  y  confirmó    en    los    demás    aspectos,  la  sentencia  adoptada  por  el  Juez  Segundo Promiscuo  Municipal  de  conocimiento  de la misma ciudad, el 25  de julio de 2007.   

H E C H O S  

El 7 de febrero de 2006, en el trayecto de la  carretera   que   del   Socorro   comunica  con  San  Gil,  Vereda  “Puerta  del  Sol”  del Municipio de  Pinchote,  en  el  kilómetro  14,  en horas de la tarde, RUBÉN DARÍO APARICIO  LÓPEZ,  fue  atropellado  cuando  maniobraba  su  motocicleta, por la camioneta  cherokee     que     conducía     SERGIO    RÍOS  DURÁN,  produciéndole  lesiones que le significaron  una  incapacidad  de  ciento  cincuenta (150) días con secuelas consistentes en  deformidad  física que afectó su humanidad en forma permanente y perturbación  funcional transitoria del órgano de locomoción.   

A C T U A C I  Ó N    P R  O C E S A L   

El  13  de  septiembre  de  2006,  ante  el  Juzgado   Primero   Promiscuo   Municipal   de   San  Gil,  con  funciones  de  control  de  Garantías, la  Fiscalía Segunda Local, le  imputó    el   punible   de   lesiones   personales  culposas  a  SERGIO  RÍOS  DURÁN.   

El  11  de  octubre  de  2006,  la Fiscalía  presentó    escrito    de   acusación  por  la  misma  infracción  penal,  aclarando  que  el lesionado  APARICIO  LÓPEZ,  soportaba  secuelas  de  deformidad  física  permanente  que  afectó  el  muslo  derecho  y  perturbación  del  órgano  de  locomoción  de  carácter transitorio.   

El  8  de  noviembre  de  2006,  se realizó  audiencia  de  formulación de acusación,  acorde  con  los  parámetros  que  delimitó la Fiscalía en el  documento  de  imputación  ante  el  Juzgado Segundo  Promiscuo     Municipal     con     funciones     de    conocimiento.   

El 14 de diciembre de 2006, se desarrolló la  audiencia  preparatoria, en  el  que  las  partes descubrieron los elementos de prueba; excluyendo la Juez de  conocimiento,    dos   testimonios   anunciados   por   la   defensa,   por  impertinentes, según petición del ente Fiscal.   

El  12  de  febrero  de  2007,  se  celebró  audiencia  de  juicio oral,  en  donde  se  debatieron  los  hechos,  las  pruebas y se propusieron las tesis  jurídicas  correspondientes,  atendiendo  el interés de cada extremo procesal.  La  Juez  divulgó,  luego  de  terminada  la  referida diligencia, que el fallo  sería  condenatorio,  por  ello,  el  representante  de  la víctima, solicitó  iniciar  el  incidente  de  reparación integral; convocando la funcionaria para  lectura de la sentencia el 29 de marzo del mismo año.     

El  25  de  julio  de  2007, el Juzgado  Segundo  Promiscuo  Municipal  de Conocimiento,  condenó  a  SERGIO  RIOS  DURAN,  como  autor  responsable  del  delito de lesiones personales  culposas,  en  perjuicio de DARÍO APARICIO LÓPEZ, a  la  pena  de  seis (6) meses doce (12) días de prisión, multa de 5. 2 salarios  mínimos  legales  mensuales  vigentes; restringiéndole la facultad de conducir  vehículo  automotor  por  el  término de un año e inhabilitándolo, como pena  accesoria,  en  el  ejercicio  de  derechos  y funciones públicas por un tiempo  igual al de la pena principal impuesta.   

Así   mismo,   sancionó   al   procesado  RÍOS  DURÁN,  a  pagar:  (a)     perjuicios  materiales: $ 19´674. 824,  (b) perjuicios morales:  $  10´408.800  y (c) tasó los honorarios del abogado en $  4´512.543  pesos.  Disponiendo  la  remisión del expediente al Tribunal de San  Gil,  según  apelación  interpuesta  por  el  apoderado del tercero civilmente  responsable y la defensa.    

El  14  de  septiembre  de  2007,  el  Juez  Colegiado  desató  el  recurso,  declarando la nulidad respecto al incidente  de  reparación  integral  en  cabeza  de  SANDRA  MARGARITA RÍOS DURÁN, porque en la actuación subsiguiente  al  juicio  y  en la sentencia condenatoria “ninguna  motivación  esgrimió  la  funcionaria de instancia para sustentar una eventual  condena  o  absolución del tercero citado como civilmente responsable, es claro  que  se  vulnera el derecho de defensa”. Otra razón  del  Tribunal  para haber declarado la nulidad, tuvo sustento en el hecho que la  Juez   de  instancia  no  condenó  al  tercero  civilmente  responsable  y,  en  consecuencia,  no tenía interés para recurrir, de ahí que no fueron atendidos  los   argumentos   de   esa   parte  procesal;  disponiéndose,  por  tanto,  el  levantamiento  de  las  medidas  cautelares  gravadas sobre los bienes muebles e  inmuebles  del sentenciado y su familia. En los demás puntos controvertidos, el  Tribunal   confirmó  la  decisión del funcionario de instancia.   

El  1  de octubre de 2007, el Tribunal   aclaró   el  fallo,  por  petición  del  abogado  representante  de  la  víctima,  en  el sentido que la  primera  incapacidad  fue de noventa (90) días y, en esas circunstancias, tanto  el  monto de los perjurios materiales junto con la indemnización aumentaron, en  un valor final de $ 18.538.795 pesos.    

El  9 de noviembre de 2007, el apoderado del  lesionado  RUBÉN  DARÍO APARICIO LÓPEZ, presentó demanda de casación dentro  del término de ley, libelo que hoy califica la Sala.   

R E S U M E N  D E  L A  D E M  A N D A   

El actor invocó el artículo 368 del Código  de  Procedimiento  Civil,  causal  primera,  contra  la  sentencia  del Tribunal  (principal   y  aclaratoria),  por  ser  violatoria  de  una  norma  de  derecho  sustancial, por falta de aplicación.   

Aceptó  que  no existe discrepancia con los  hechos,   las   pruebas   recaudadas   y   “la  sentencia  de  primer  grado  impuesta  por  razón  del  daño  y  el perjuicio  ocasionados  al  ofendido”. Su desacuerdo y por ello  la  impugnación  en  sede  casacional, estribó en la decisión del Tribunal al  declarar  “nulo el incidente de reparación integral  por    violación    del    derecho    de   defensa   del   tercero   civilmente  responsable”.   

Con  forme  a  ello,  basó la censura en el  artículo  181,  causal  4,  de  la Ley 906 de 2004, cuyo texto es del siguiente  tenor:   “cuando  la  casación  tenga  por  objeto  únicamente  lo  referente a la reparación integral decretada en la providencia  que  resuelva  el  incidente,  deberá  tener  como fundamento las causales y la  cuantía    establecidas    en    las    normas   que   regulan   la   casación  civil”.   

Afirmó  que la Juez determinó los días de  incapacidad  otorgados  a  su mandante y el valor del salario, como “factores  con  los  que  debía  establecerse  el  monto  de  la  indemnización   integral,   con   cargo   al  ofensor-demandado”.  En  consecuencia  el  Tribunal al declarar la nulidad, ignoró su  “competencia para fijar el perjuicio moral derivado  de  la modalidad de la conducta punitiva, las condiciones de la persona ofendida  y la naturaleza y efectos del agravio sufrido”.   

Argumentó que la trascendencia del yerro se  constató    en    el    hecho    que    el    Juez    Colegiado    “pretermitió  el  examen  del perjuicio moral, y con esa acción  premió  la acción punitiva del ofensor- demandado, con grave perjuicio para el  interés patrimonial subjetivo del ofendido-demandante”.   

Anunció  que  si  el  Tribunal  a  su libre  voluntad  tasó  el daño material, con base en los medios probatorios allegados  y  controvertidos,  “con  mayor  razón  tenía que  hacerlo  frente  al perjuicio moral, porque ese factor era exclusivo de su fuero  subjetivo,  y  no lo hizo, por lo que de contera desconoció la existencia en el  mundo  jurídico de la pertinente norma sustantiva”.  Infiriendo  el actor que si no se tasó el monto del perjuicio moral (objetivado  y   subjetivado)   en   el   incidente  de  reparación  integral,  “incurrió  en  falta  de  aplicación de la norma pertinente del  derecho  sustancial,  a la que estaba obligado por imperativo de la ley procesal  penal”.   

Solicitó,  por  todo  lo  anotado,  casar  parcialmente  el  fallo  impugnado, a fin de realizar la tasación del perjuicio  moral  objetivado  y  subjetivado, por falta de aplicación del artículo 102 de  la Ley 906 de 2004.    

CONSIDERACIONES                 DE   LA   CORTE   

1. Viene señalando  la  Sala,  que con la entrada en vigencia del  sistema  procesal penal  acusatorio   previsto  en   la   Ley   906   de  2004,   se    amplió    el   radio   de   acción  para  acceder  al  recurso  extraordinario  de  casación,  toda vez que, en la actualidad es susceptible la  impugnación  contra  decisiones  de segunda instancia dictadas por los diversos  Tribunales  de Distrito del  país,  atacando  los  fallos de absolución o condena, sin tener en cuenta como  presupuesto  para  su  admisibilidad  el  quantum  de pena descrito en cada tipo  penal, como lo imponían las legislaciones anteriores.   

En  esencia, para ser admitida la demanda de  casación,  el  censor  debe  tener  interés, formular y desarrollar los cargos  contra  el  fallo  de  segundo nivel y, desde luego, acreditar la afectación de  derechos   y  garantías  fundamentales.  Siendo  imprescindible,  además,  que  el  actor tenga presente lo  preceptuado  en  el  artículo  180  del  Código  Instrumental  Ley  906, en el  entendido  que una de las obligaciones al confeccionar el libelo es demostrar  la  necesidad  de  intervención de la Corte  para  el  logro  de  alguno  de  los  fines  establecidos  por el  instituto.   Siendo   ello   así,  el  Principio  de  Intervención  debe  ser  el norte del libelista toda  vez  que  él  integra  cuatro  aspectos  teleológicos  que  se  traducen en el  espíritu  de  la censura: i)  la  efectividad  del  derecho material, ii)  el  respeto de las garantías de los intervinientes, iii)  la  reparación  de  los  agravios  inferidos  a las partes y iv)  la unificación de la jurisprudencia.   

Desde  otro  punto  de  vista, la Sala viene  insistiendo  que  el  nuevo  sistema  procesal  penal  acusatorio  al  disciplinar todo lo concerniente a la  impugnación  extraordinaria,  jamás  precisó que los presupuestos formales ya  no  son  necesarios para sustentar una demanda. Todo lo contrario, el recurso de  casación,  no perdió su entidad de juicio lógico-argumentativo, de manera que  el   libelo  debe  cumplir  pautas  que  impidan  concebirlo  como  tercera  instancia,  donde  los  reparos  compilen   presupuestos  de  claridad y precisión, porque a la Corte no le  corresponde    interpretar    las    alegaciones    de    los   recurrentes   en  casación.1   

En  consecuencia,  la  Sala ha sostenido que  para  admitir  o  seleccionar una demanda de casación a fin de decidir de fondo  sobre  el  problema  jurídico  planteado por el actor; la censura, en sí, debe  sujetarse  al  cumplimiento  de  los  presupuestos  formales  consagrados  en el  artículo  184,  ordinal  2°   de  la  Ley  906,  o  demostrar la evidente  vulneración  a  los  derechos fundamentales que le asisten a los intervinientes  en  el  proceso;  es  por  todo  ello  que  se  deben aplicar los principios que  orientan  la  casación  penal  como  los de claridad,  autonomía,  razón  suficiente,  no  contradicción,  entre  otros,  para –de la  mano   con   ellos-   presentar   una  argumentación  trascendente,  habida consideración de compendiar en  el  ataque,  los  errores  de juicio o de actividad que pudieron haber incurrido  los   falladores.   Objetividad,   comprensión,  precisión,  y  trascendencia,  también  son  postulados  que  deben  guiar  el  ejercicio  intelectual  en  la  elaboración  de  la  demanda  por el censor, a fin de demostrarle a la Sala, el  motivo  por  el  cual  debe  ser  aceptada una determinada tesis jurídica o una  legal valoración de los medios probatorios.    

También  viene indicando la jurisprudencia,  en   múltiples   oportunidades   que   i)    la    correcta    selección   de   la   causal,   ii)  el  interés del actor, iii)   la   coherencia   de  los  cargos  aducidos,  iv)  la  puntual  fundamentación  fáctica  y  jurídica,              v) el cumplimiento de al menos uno de los  fines  del  instituto;  marcan  la pauta para declarar la inconstitucionalidad o  ilegalidad  del  fallo  en  atención  al  artículo  184,  3  de  la Ley 906 de  2004.   

2.  La   censura   presentada   a  favor  de  la  víctima RUBÉN DARÍO APARICIO LÓPEZ, no reúne  los  presupuestos  mínimos  de coherencia y lógica-argumentativa puntualizados  por  la jurisprudencia para admitir la demanda. Pues si bien, propone como punto  de  partida para lograr la infirmación del fallo de segundo nivel, el incidente  de  reparación  integral  relacionado  con  el  tercero civilmente responsable,  consagrado  en la causal de casación prevista en el numeral 4 del artículo 181  de  la  Ley  906  de  2004;  en su desarrollo, presupuestos y demostración  incurre  en  graves  fallas  que  atentan  contra  la  filosofía que inspira el  recurso  extraordinario. Siendo ello así, como metodología, la Sala examinará  el    cargo,    puntualizando   los   errores   de   mayor   impacto   legal   y  jurisprudencial.   

2.1.   El   primer  yerro  tiene  que  ver  con  los  presupuestos  para su admisión  contenidos  en  la  causal  seleccionada  por  el libelista, esto es, la número  cuatro  (4),  en  el  entendido  que  al  atacarse  lo referente al incidente de  reparación   integral,   será   parámetro  legal  incuestionable  tener  como  fundamento   la   cuantía   establecidaza   en  la  jurisdicción  civil.    

En  este  orden  de  ideas, la cuantía para  acceder  en  casación  civil,  hoy por hoy, supera el monto de ciento ochenta y  cuatro  ($ 184´ 000. 000) millones de pesos y el libelista ni siquiera se tomó  el  trabajo  de  realizar  el  cálculo  de  lo  que  englobaba  su petición de  “perjuicio       moral       objetivado      y  subjetivado”,  como  lo requirió en su escrito. No  obstante,  al  manifestar  estar  en  acuerdo  con  lo  declarado en el fallo de  primera  instancia,  la  Sala  tomará  ese  monto  a  fin  de compararlo con la  exigencia  normativa,  indicando  que  la  Juez, sancionó al procesado a pagar:  (a)     perjuicios  materiales: $ 19´674. 824,  (b) perjuicios morales:  $  10´408.800  y (c) tasó los honorarios del abogado en $  4´512.543  pesos,  lo  cual determinaría un valor de treinta y cuatro millones  quinientos  noventa  y  seis  mil  ciento sesenta y siete ($ 34´596.167) pesos;  menos  aún  si  se  tiene  en  cuenta,  el monto por medio del cual el Tribunal  condenó  a  RÍOS  DURÁN,  esto  es, dieciocho millones quinientos treinta y ocho mil setecientos noventa y  cinco  ($  18´538.  795)  pesos; en éstas condiciones, la demanda no cumple el  mínimo   presupuesto   legal   y  objetivo  de  la  cuantía  requerida  en  la  jurisdicción       civil,       por       tanto,       será       inadmitida.   

El  segundo error  del  libelista se ubicó en desconocer lo argumentado  por  el  Tribunal  con  ocasión a la nulidad declarada respecto al incidente de  reparación  integral  en  cabeza del tercero civilmente responsable: (1) porque  la  Juez  no  condenó  a  ese  interviniente  en el proceso penal, (2)  tampoco  se  refirió  a ella en sus  motivaciones,  (3)  ninguna  parte  con  interés,  recurrió ante el Tribunal, lo relacionado con el Tercero  civilmente  responsable, luego, no existe unidad jurídica temática, porque los  extremos  procesales no les interesó cuestionar la decisión de la instancia en  este punto y, si ello es así, tampoco le asiste interés al actor.   

El    tercer  desatino  se  manifiesta al citar el actor como norma  vulnerada  el  artículo  102 de la Ley 906 de 2004, por falta de aplicación de  tal   precepto,  que  consagra  la  “procedencia  y  ejercicio  del  incidente  de reparación integral”,  el   que  dispone  que  la  víctima  –una  vez  anunciada  la  responsabilidad  penal del inculpado- debe  propiciar  la  iniciación  del mismo, situación que en instancias se realizó,  pues  allí  no se plantea otra situación diversa, sino el procedimiento que se  debe seguir cuando a una persona se la condena.   

Si  ello  es así, el libelista equivocó el  ataque,  pues  el fundamento para tal propuesta no sería la causal motivo de la  actual  censura,  sino  una  nulidad  por  violación  al  debido proceso, en el  entendido  que  si  se  inaplicó  el  artículo 102, es porque se omitió dicho  procedimiento  de  ley;  lo cual excluiría de plano, la cuantía requerida  por  no  ser la esencia de la demanda, en si misma considerada, sino un yerro de  actividad,   consistente   en  haber  excluido  el  incidente  cuando  la  parte  interesada     lo     solicitó    en    su    debida    oportunidad. Pero este no fue el caso, porque en la  actuación  en  estudio,  sí  se  desarrolló  de  manera  puntual  el trámite  previsto en el aludido precepto 102 del nuevo sistema acusatorio.   

Los fallos emitidos por los funcionarios que  administran  justicia  están  amparados  por  la doble presunción de acierto y  legalidad  y,  como  tal, no se pueden derrumbar con simples alegaciones propias  de  instancias, menos aún sobre hipótesis o al proponer tesis por fuera de los  cánones  de  la  lógica  o  desconociendo los presupuestos legales; si ello es  así,  lo único que se verifica es un latente desconocimiento de los postulados  que  sustentan  el  recurso extraordinario de casación. Es por el contrario, un  ejercicio  dialéctico,  que supone una arremetida objetiva contra los fallos de  instancia   –si  no  se  oponen  en  sus  decisiones-  para tratar de demostrar los yerros que han debido  ser  detectados  y con los cuales el fallo del Tribunal, sería ilegal o injusto  según los lineamientos jurisprudenciales.   

Siendo  así  las  cosas,  el libelista que  seleccione  la  causal  cuarta  del  artículo  181  de  la  Ley  906  de  2004,  deberá       asegurarse:      (1)  que  el  monto  cuestionado  sea  igual  o superior a la cuantía  requerida  por  la  casación  civil,  así  como  la  causal  seleccionada debe  desarrollarse    con    fundamento    en    esa    jurisdicción,   (2)  tendrá que cumplir los presupuestos  legales  y  jurisprudenciales  que  se  tienen establecidos sobre el particular,  (3)  deberá  precisar  el  error  de  los  funcionarios  de  instancia,  ya  sea  probatorio,  de  juicio o  alegando,   si   es   el  caso,  una  nulidad,  como  quedó  atrás  explicado.   

Así las cosas y, como quiera que el recurso  de    casación    está    regido,    entre    otros,   por   el   principio    de    limitación,    las  deficiencias  que  presenta  la demanda no pueden ser remediadas por la Sala, en  tanto   que   no  le  corresponde  asumir  la  tarea  argumentativa  propia  del  recurrente,  para complementar, adicionar o corregir su escrito de impugnación,  máxime  cuando  es  antiquísimo el criterio de la Sala en el sentido de que el  recurso  extraordinario  de  casación  es  un  juicio lógico-argumentativo que  tiene   una   regulación  prevista  por  el  legislador,  desarrollada  por  la  jurisprudencia,      con      el      propósito     de     que     no   se   convierta   en   una   tercera  instancia.   

Por  otra  parte,  no  se  advierte  que  con  ocasión  a  la sentencia  impugnada  o  dentro  de la actuación hubiese existido violación de derechos o  garantías  de  los sentenciados, como para superar los defectos de la demanda y  decidir  de  fondo,  según  lo  impone  la  preceptiva del inciso 3º del   artículo 184 de la Ley 906 de 2004.   

Estudiado  el  ataque,  sólo  conjeturas  y  especulaciones  identifican  la  censura,  sin  que  se  hubiese  presentado una  motivación  coherente  con  la propuesta casacional, circunstancia por la cual,  la   Sala   de   Casación   Penal   de   la  Corte,  inadmitirá la demanda presentada por el apoderado de  la víctima.   

3.  Teniendo  en  cuenta       que       contra       la       decisión      de      inadmitir o no  selección  de  la  demanda  procede  el mecanismo  de  insistencia de conformidad  con  lo  establecido  en  el  artículo 186 de la Ley 906 de 2004, cuyo trámite  no  fue  regulado, pero que  para  tornarlo operativo, la Sala ha definido las reglas que habrán de seguirse  para            su            aplicación2,      como     pasa     a  indicarse:   

3.1. La insistencia  es  un  mecanismo  especial  que  sólo  puede ser promovido por el demandante, dentro de los cinco (5) días  siguientes  a  la  notificación  de la providencia por medio de la cual la Sala  decide    inadmitir    o    no    seleccionar    la  demanda  de  casación, con el fin de que reconsidere  lo  decidido. También podrá ser provocado oficiosamente, en el mismo término,  por  alguno de los Delegados del Ministerio Público para la Casación Penal. El  mecanismo,  entonces, opera para el Procurador Judicial, el Magistrado disidente  o  el  que  no  haya  participado  en  los  debates  y  suscrito  la providencia  inadmisoria.   

3.2. La solicitud  de  insistencia puede elevarse  ante  el  Ministerio  Público,  a  través  de  sus Delegados para la Casación  Penal,  salvo  que  el  Procurador  Judicial  Delegado ante el Tribunal Superior  fuese  el  demandante;  o  ante uno de los Magistrados que hayan salvado voto en  cuanto  a  la  decisión  mayoritaria  de inadmitir la demanda o ante uno de los  Magistrados que no haya intervenido en la discusión.   

3.3. Es potestativo  del  Magistrado  disidente,  del  que no intervino en los debates o del Delegado  del  Ministerio  Público ante quien se formula la insistencia optar por someter  el  asunto  a  consideración  de la Sala o no presentarlo para su revisión. En  este  último  evento  informará  de ello al peticionario en un plazo de quince  (15) días.   

3.4.  El  auto  a  través  del  cual se inadmite la demanda de casación trae como consecuencia la  firmeza  de  la  sentencia  de  segunda  instancia contra la cual se formuló el  recurso  de  casación,  salvo  que  la  insistencia  prospere  y  conlleve a la  admisión de la demanda.   

Con   fundamento   en   lo   expuesto,  la  CORTE  SUPREMA  DE  JUSTICIA  EN  SALA  DE  CASACIÓN  PENAL,   

R E S U E L V E  

Primero:  INADMITIR  la  demanda  de  casación  presentada  por  el  representante  de  la  víctima,  atendiendo las  razones plasmadas en la parte motiva de esta providencia.   

Segundo: Contra la  presente   decisión   procede   el   mecanismo   de  insistencia  de  conformidad  con  el  inciso 2° del  artículo 184 de la Ley 906 de 2004.   

Tercero: Cópiese,  comuníquese,   cúmplase   y  devuélvase  al  Tribunal  de  origen.   

SIGIFREDO   ESPINOSA  PÉREZ   

                                                                                                          

ALFREDO   GÓMEZ   QUINTERO             MARÍA DEL  ROSARIO GONZÁLEZ DE LEMOS   

AUGUSTO JOSÉ IBÁÑEZ GUZMÁN            JORGE LUIS  QUINTERO MILANÉS   

YESID   RAMÍREZ   BASTIDAS                            JULIO    ENRIQUE    SOCHA  SALAMANCA   

Permiso  

         

JAVIER ZAPATA ORTIZ  

                                                                                 

TERESA RUIZ NÚÑEZ  

                Secretaria     

1 Auto  del 8 de junio de 2006. Radicación: 25565   

2 Corte  Suprema de Justicia. Radicado: 24.322 diciembre 12 de 2005.     

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