28628(23-01-08)

2008

Asistente Jurídico Inteligente

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    Proceso No 28628  

CORTE SUPREMA DE JUSTICIA  

SALA DE CASACION PENAL  

                                     Aprobado  Acta No. 007                                                                                                            Magistrado Ponente:   

                                     Dr. AUGUSTO J. IBAÑEZ GUZMAN   

Bogotá,  D.  C.,   veintitrés  de  enero de dos mil  ocho.   

Se  pronuncia la Corte sobre la admisibilidad  de   la  demanda  de  casación  presentada  por  el  defensor  de  Nelson   Monroy   Cifuentes   contra   la  sentencia  dictada  por el Tribunal Superior de Barranquilla, Sala de Justicia y  Paz,  el  26  de  abril  de 2007, mediante la cual confirmó la emitida el 21 de  septiembre   de  2005  por  el  Juzgado  Penal  del  Circuito  Especializado  de  Descongestión  de  Cartagena,  que  condenó  al  procesado a la pena principal  privativa  de  la  libertad de 16 años de prisión por el delito de tráfico de  estupefacientes.   

Hechos.  

En  las  horas de la noche del 10 de julio de  2003,  a la altura del Corregimiento de Paiva, por la vía a San Onofre (Sucre),  unidades  de  la policía de carreteras detuvieron el vehículo tractocamión de  placas   SRE-302,   conducido   por   Nelson   Monroy  Cifuentes,  con  el  fin de revisar los documentos del  conductor,   del   vehículo   y  de  la  carga  que  transportaba,  encontrando  inconsistencias  en  la  ruta  de  origen.  El  día  siguiente  (11  de  julio)  solicitaron  a  las  empresas  información  sobre  la  mercancía transportada,  recibiendo  respuesta  en el sentido de que los manifiestos y facturas exhibidas  no  guardaban  correspondencia  con  sus  originales.  En  vista  de ello,   decidieron  revisar  la  carga, hallando camuflados en su interior mil paquetes,  cada  uno  de un kilogramo aproximadamente, que contenían cocaína. El hallazgo  tuvo lugar el día doce (12).   

Actuación  procesal  relevante.   

1.  La  Fiscalía  inició investigación por  estos  hechos,  vinculó  al  proceso  mediante indagatoria  a Nelson   Monroy  Cifuentes,  y  el  23  de  febrero  de  2004 calificó el mérito del sumario con resolución de acusación  en   su   contra  por  el  delito  de  tráfico  de  estupefacientes1.      

2.  Rituado  el  juicio, el Juzgado Penal del  Circuito  Especializado  de Cartagena, mediante sentencia de 21 de septiembre de  2005,  condenó  a Nelson Monroy Cifuentes a  la  pena  principal  de  16 años de prisión y multa de tres mil  (3.000)  salarios  mínimos  legales  mensuales vigentes para el año 2003, y la  accesoria   de  inhabilitación  para  el  ejercicio  de  derechos  y  funciones  públicas  por un término igual al de la pena aflictiva, como autor responsable  del    delito    imputado    en    la   acusación2.   

3.  El defensor del procesado y la fiscal del  caso   apelaron  este  fallo  para  pedir  la  absolución  del  implicado,  por  considerar  que  no  existía  prueba  de  su  responsabilidad, pero el Tribunal  Superior  de  Barranquilla, Sala de Justicia y Paz, mediante el suyo de 26 abril  de  2007,  que  ahora la defensa recurre en casación, lo confirmó en todas sus  partes,  y  ordenó  expedir copias para investigar penal y disciplinariamente a  la    Fiscal3.   

La         demanda.   

Un  cargo principal y otro subsidiario, ambos  amparo   de  la  causal  primera  de  casación,  cuerpo  segundo,  presenta  el  demandante contra la sentencia.   

Cargo principal:  

Acusa el fallo de violar en forma indirecta la  ley  sustancial,  debido  a un error de derecho por falso juicio de legalidad en  la  apreciación  de, (i) el informe de incautación de la sustancia controlada,  (ii)  la  diligencia  de  pesaje, toma de muestras y destrucción de la misma, y  (iii)  el  dictamen,  pruebas  todas  a  las  que  los  juzgadores les otorgaron  crédito, no obstante adolecer de vicios en su incorporación.   

En  relación con el informe de incautación,  mediante  el  cual se deja a disposición de la Fiscalía Especializada de turno  la  sustancia,  argumenta que “el mismo no se coloca  a  disposición con los requisitos legales, esto es con el diseño y aplicación  del  sistema  de  cadena  de  custodia,  el  cual  está  fundamentado  en  el  principio  universal  de  la  autenticidad  de  los  elementos  físicos  materia  de  prueba, que le permitan  garantizar  y demostrar que se han aplicado los procedimientos para asegurar las  condiciones  de  identidad,  integridad, preservación, seguridad, continuidad y  registro de los mismos”.   

Concluye  que  el referido informe adolece de  las   formalidades   legales  que  debía  cumplir,  dado  que  era  obligatorio  determinar  que  todos  los  elementos  que  se  pusieron  a  disposición de la  Fiscalía  se  sujetaron a la observancia de la cadena  de  custodia,  y como esto no lo comprende el referido  informe,  ha  de  entenderse  que no satisface los requisitos legales, y que los  juzgadores  incurrieron  en  un falso juicio de legalidad al otorgarle mérito a  esta prueba.   

En   relación   con   la   diligencia   de  identificación,  pesaje,  toma  de  muestras  y  destrucción  de la sustancia,  sostiene  que  del  contenido  del  acta  se  puede inferir que la diligencia se  llevó  a  cabo  en  las  dependencias del Comando de Policía Bolívar el 12 de  julio   de  2003,  y  que  recayó  sobre  una  sustancia  hallada  “en  una tracto mula de placas SER-302,  Mac,   modelo   1998,   color   rojo”,  pero  que  el  vehículo  que conducía el procesado no tenía la  placas  “SER-302”,  sino  la  placa  “SRE-302”, y que la carpeta de este  último no se allegó al proceso.   

Agrega que en la referida diligencia se dejó  registrado  que la sustancia fue puesta a disposición de la Fiscalía por parte  del   Comandante   de   la   Policía   de   Carreteras,  Capitán  Diego  Alejandro  Vásquez  Rojas,  sin que  aparezca   que   en  relación  con  ella  se  haya  observado  la  cadena   de   custodia,   pues   no   se  estableció   en  qué  momento  el  Capitán  se  convirtió  en  su  custodio.   

Grave  error  se presenta, además, cuando al  practicar   la  diligencia  de  identificación,  pesaje,  toma  de  muestras  y  destrucción  de  la  sustancia,  “no  se  tiene de  presente  acta  alguna  de la prueba de campo señalada en el artículo 78 de la  ley  30  de  1986, la cual era un imposible que apareciera, ante la inexistencia  de  la  misma”, porque de acuerdo con la declaración  del  Subintendente  de  la  Policía  Wilson Villadiego  Castaño,  no  se  elaboró  acta alguna: “Bueno acta como tal no se levantó”  (…)  “en  ese lugar no vi que la Fiscalía haya levantado alguna acta, no se  si se haya hecho después”.   

Insiste  en  que  la  referida  prueba  no se  sujetó  a  lo  dispuesto  en  el  manual  de  procedimientos  para cadena  de custodia, de conformidad con lo  previsto  en  el  artículo 288 la ley 600 de 2000, reglamentado a través de la  resolución  1890 de 2002, “cuyo manual fue liderado  por  la misma Fiscalía, en concurso con el Instituto Nacional de Medicina Legal  y  Ciencias  Forenses,  la Policía Nacional y el Departamento Administrativo de  Seguridad (DAS)”.   

El  acta  de  esta  diligencia  no cumple los  requisitos  legales,  puesto  que  en ella no se indica que la sustancia hubiese  sido   recibida   bajo  cadena  de  custodia,  ni  con  observancia  del  manual  correspondiente.  Tampoco  se  señaló  cuántos  paquetes  fueron  sometidos a  prueba  de  identificación  ni de cuáles de ellos se tomaron las muestras para  los  laboratorios  de Medicina Legal y de LACIBI, ni se indicó siquiera en qué  cantidad.  Tampoco  se  dijo  a cuánto ascendía el remanente, ni cómo se hizo  para  movilizarse  del  sitio  donde  se  practicó  la diligencia, “para  que  se  afirme  que su destrucción se practicó mediante  incineración   en   las   instalaciones   de  la  Policía  de  Manzanillo  del  Mar”.   

Tan  grave  fue lo ocurrido, que “ni    siquiera    aparece    la   fijación   fotográfica   y/o  video-gráficamente,    al   igual   que   topográficamente,   registrando   la  identificación  de  quien o quienes realizan la operación o procedimientos, de  suerte  que  esa diligencia que está sujeta a ciertas solemnidades, tal como se  desarrolló  y  en  las  condiciones  que  se  hizo  no  puede surtir efectos de  legalidad  y  ajuste  a  los  requisitos  para  ella  establecidos,  por  lo que  indudablemente  se  le ha otorgado un mérito de prueba, que ante la ausencia de  los  requisitos  legales,  conlleva  a  predicarse  que  estamos  frente  a  una  apreciación      falsa     por     parte     del     ad     quem”.     

En  relación con los dictámenes periciales,  realizados  por  el  Instituto  Nacional  de  Medicina  Legal  y  la Sección de  Criminalística  del  Cuerpo  Técnico  de  Investigaciones Laboratorios LACIBI,  sostiene  que para el primero de ellos se enviaron dieciséis (16) muestras, que  aparecen  entregadas  el 3 de octubre de 2003, siendo recibidas por Rodolfo   Jiménez,   y   presentadas  al  laboratorio   forense   por   Martha   Lucía  Villar  Cristancho.  Y  para  el  segundo, se remitieron igual  número de muestras, que fueron numeradas del 1 al 16.    

Reproduce el contenido de los artículos 288 y  299  del  Código  de Procedimiento Penal, para concluir que en el presente caso  no  se está frente a irregularidades menores, sino ante una clara inobservancia  de    la    cadena    de   custodia,   desde  el  momento del hallazgo de la sustancia en el parqueadero La  Troncal,  donde  se  bajaron  todos  los bultos que contenían la sustancia y se  practicó  prueba  de  campo  sin  elaborar  acta,  pues  se  desconoce quiénes  actuaron  como  custodios  en  el  traslado  del  estupefaciente  al  Comando de  Policía  de  Cartagena,  así  como  la  razón por la cual sólo hasta el 2 de  octubre  aparecen  siendo enviadas las muestras a los dos laboratorios, después  de haber transcurrido casi tres meses.    

En el expediente existe constancia de que las  muestras  fueron  enviadas  por un señor Antonio Salim  Guerra  Torres,  y que lo fueron con los stiker 22182 y  22183,  donde  aparece  el  nombre  del  mensajero, es decir de quien entregó y  recibió,  pero  el  stiker  es  una  parte  mínima  de  lo que debe cumplir la  cadena   de  custodia.  El  señor  Guerra Torres aparece  enviando  las  muestra tres meses después de tomadas, sin que se sepa quién le  hizo  entrega  de  ellas,  y bajo qué acta, ni en qué condiciones de seguridad  permaneció en el lugar.   

Como normas violadas cita los artículos 78 y  79  de  la  ley  30  de 1986, 288 y 289 del Código de Procedimiento Penal y 376  numeral tercero del Código Penal.   

Cargo       subsidiario.   

Asegura  que la sentencia es violatoria de la  ley  sustancial  por  falta de aplicación de los artículos 7° y 232 de la ley  600  de  2000,  que  consagran  los  principios  in  dubio  pro  reo y necesidad  probatoria,  y  por  aplicación  indebida  de  los  artículos  376 y 384.3 del  Código   Penal,   que   definen   y   sancionan   el   delito  de  tráfico  de  estupefacientes,  debido  a  errores  de  hecho en la  apreciación de las pruebas.   

Sostiene,   después   de  insistir  en  la  ilegalidad  de  la prueba que acredita la materialidad del delito por errores de  aducción,  que  los  juzgadores supusieron la certeza de la responsabilidad del  procesado  en  los  hechos,  afectando  sus  garantías,  al  sostener  que  los  resultados   negativos   de   las   inspecciones  judiciales  realizadas  en  la  Registraduría  del  Estado  Civil, para verificar la existencia del propietario  de  la  carga,  desvirtuaban  la  coartada  del  procesado,  al  igual  que  los  resultados  de  las  averiguaciones  orientadas a establecer la existencia de un  vehículo de su propiedad.   

El  hecho  de  no  haberse hallado la cédula  13’857.564,  con  la cual  aparecía     identificándose     Luis     Alberto  Vélez, no es suficiente para afirmar su inexistencia,  porque  existen  otras personas con el mismo nombre, lo cual se establece de las  averiguaciones  realizadas  por  la investigadora que adelantó las pesquisas en  tránsito  y  transporte, quien puso a disposición de la Fiscalía Cuarta todos  los  documentos  que  reposaban en el historial del vehículo de placas GNG-976,  el  cual  aparecía  para ese momento a nombre de Cesar  Jaime   Torres  Vela,  por  traspaso  que  le  hiciera  Luis Alberto Vélez Mora, con  la  cédula  No.13’857.564  de Vélez.   

En el proceso (folio  26/2) aparece inclusive la contraseña expedida por la  Registraduría   Nacional  del  Estado  Civil  a  Luis  Alberto  Vélez, “demostrándose con lo anterior una  vez  más,  el  error de hecho en el análisis probatorio por parte del ad quem,  al  considerar  la  inexistencia  del  mismo como un hecho, cuando en el proceso  está  demostrado  que  existe  la  certificación  autenticada de la cédula de  ciudadanía  que  el  mismo  utilizó para efectuar el traspaso del vehículo de  placas  GNG-976 (…), donde aparece plasmada la huella digital que permitía de  una  vez  por  todas  establecer la identidad de esta persona. Además se cuenta  con  el  formulario  de traspaso de la propiedad del precitado automotor a favor  del  abogado  César  Jaime  Torres  Vela,  de donde se infiere con ello que al ad quem sigue incurriendo en  el  error  de  hecho al incurrir en un falso error de  apreciación de las pruebas”.   

En   el   informativo   existe  además  la  declaración  rendida  por el profesional del derecho, quien igualmente da fe de  la    existencia    del    señor    Luis    Alberto  Vélez,   por   cuanto   le   compró   el  vehículo  anteriormente   reseñado,  y  también  se  cuenta  con  las  declaraciones  de  Carlos Castañeda, María Fena López, Héctor Eduardo  Orjuela  y  Rafael Vizcaya, quienes fueron las personas  que   vendieron   el   suplemento   alimenticio   TROPIRUMIN  en  la  ciudad  de  Villavicencio  y  que  señalaron  al  unísono  que  el señor Vélez fue quien  adquirió  dicha  mercancía,  la  canceló  y  le  dio la orden al conductor de  retirarse,  habiendo  cargado  el  automotor solamente hasta un poco menos de la  mitad del trailer.   

El  ad  quem  sigue  así  incurriendo  en un  falso     error    de    apreciación    de    las  pruebas,  al  sostener  que  de estas declaraciones se  concluye  que  el  procesado  participó efectivamente en la operación de carga  del  vehículo,  lo  cual  dejaba  sin piso que el camión le hubiera sido   entregado  ya  cargado,  pues  el  carro  sí  le  fue  entregado  cargado en su  totalidad,  tal  como se estableció en el proceso. Pero el ad quem se equivoca,  al  incurrir  en un falso juicio de apreciación de la  prueba,  “dado  que  el procesado ha aceptado haber  participado  en  la  carga parcial del automotor, y sobre ello está establecido  lo  sucedido con las declaraciones del personal de Villavicencio, hasta el punto  que  con  ellas  se demostró cómo el patrón de MONROY CIFUENTES, le solicitó  las  llaves  que  le  entregara  a otro conductor y continuaron hacia otro lugar  anunciando  que  iban  a  cargar  el  resto  del suplemento alimenticio mientras  MONROY  se  iba a dormir y descansar en una residencia, para en la noche recibir  el  vehículo  cargado totalmente, los testigos afirman que hasta ese momento se  había cargado una sustancia ilícita”.   

Sostiene  también el ad quem que el hallazgo  en  el  maletín  del  procesado de dos sellos, permite afirmar que éste sabía  que  estaba  realizando  la conducta típica y quiso su realización, porque con  estos  sellos  se  adulteraron  los  documentos que respaldaban la carga. Aquí,  continúa  incurriendo  en un error de hecho por falso  error  de  apreciación de la prueba, ya que si bien es  cierto   se   le   hallaron   unos   sellos   en   su   equipaje,   “brilla  por  su ausencia de que los mismos eran falsos y que con  ellos  se  adulteró los documentos de la carga, dado que jamás se practicó la  prueba  idónea  de  carácter  pericial  por  grafología  forense,  para haber  efectuado   los  cotejos  respectivos  que  así  lo  demostraran”.  Tan  cierto  es  ello  que  por  eso  no  le formularon cargos al  procesado por falsedad, por no contarse con la prueba idónea.   

Expresa igualmente el ad quem que el hecho de  haberse  cambiado  la  ruta  genera  certeza de su responsabilidad. Al respecto,  debe  decirse que el juzgador “incurre nuevamente en  un  error  de hecho al incurrir en ese falso error de  apreciación  de  la  prueba,  dado  que  en  ningún  momento,  por  el  hecho de haber obedecido una orden impartida telefónicamente  al  celular  que  portaba  el procesado MONROY CIFUENTES, y que le impartiera su  patrón  don LUIS ALBERTO VELEZ, cuando transitaba por San Juan, es decir a poca  distancia  de  donde fuera inmovilizado por los policiales de carreteras, cuando  le  dijo  que  debía  dirigirse  a  otro lugar para descargar dos toneladas del  suplemento  alimenticio  que  transportaba,  a esas horas de la noche y sabiendo  que  de  todas  maneras tenía que ir a descargar la mayor carga a Cartagena, es  apenas  entendible  por  qué no acudió a modificar el cambio de ruta, pero esa  actitud,  no  puede  ser  considerada  y valorada como lo asimiló el ad quem al  acudir  a  un  falso  error  de  apreciación  de las  pruebas”.   

Inmediatamente  después  se  refiere  a  los  fundamentos  de  derecho, para sostener que los juzgadores dejaron de aplicar el  artículo  7°  inciso  2°  de  la  ley  600 de 2000, que consagra el principio  universal  in  dubio  pro  reo,  debido  a  los  errores  de  hecho  mencionados  en   la  apreciación  de  las  pruebas,   “puesto  que  en  relación  con  la  certeza   la   considera   que  a  ella  se  allega  (sic)  por  un  cúmulo  de  circunstancias  que  le permiten dar ese grado de certeza, pero no porque cuente  con  pruebas  que  conlleven a ese conclusión”. Y en  el  proceso  aparece  claro  que  no concurre un elemento fundamental del delito  como    es    la    culpabilidad,    por   falta   de   certeza   del   elemento  volitivo.   

Afirma  que  los  juzgadores  desconocieron  principios  fundamentales  de  apreciación  probatoria,  como  el  de  la  sana  crítica,  las  reglas  de  la  experiencia  y  la valoración en conjunto de la  prueba,   en  cuanto  no  tuvieron  en  cuenta  “un  análisis  equitativo  alejado  de  la  equivocación, sino que ante su error de  hecho  en la apreciación de la prueba concluye contar con la prueba que conduce  a  impartir  sentencia  condenatoria,  dejando  de  lado la no aplicación de la  norma  sustancial  que  trata  el  in  dubio  pro  reo,  que es el único que se  visualiza en el proceso”.   

Insiste en que en el proceso no existe prueba  para  condenar  y  solicita a la Corte aceptar como demostrada cualquiera de las  causales  propuestas, y dictar sentencia de reemplazo, de carácter absolutorio.  De  no  ser  así,  pide analizar oficiosamente la causal prevista en el numeral  3° del artículo 207 del Código de Procedimiento Penal.   

SE        CONSIDERA:   

Cuando  se  plantea  en  casación violación  indirecta  de  la  ley  sustancial  debido  a  errores en la apreciación de las  pruebas,  es  deber  del  demandante  identificar  la  clase de error cometido y  demostrarlo,   indicando  la prueba o pruebas sobre las cuales recayó, las  razones  por cuales se presentó y la trascendencia que tuvo en la decisión que  es objeto de impugnación.   

Los   errores  de  apreciación  probatoria  comprenden  dos  categorías:  De  hecho y  de  derecho.  Son  de hecho cuando el juzgador se equivoca en la contemplación material de la  prueba  o  en  su  valoración  frente  a las reglas de la sana crítica. Son de  derecho  cuando  desconoce las normas que regulan su producción o las que tasan  su  valor  o  su  eficacia probatoria. Los de hecho comprenden tres modalidades:  De  existencia,  identidad y raciocinio. Los   de  derecho  dos:  De  legalidad  y  convicción.    

El    error    es    de    existencia  cuando el juzgador ignora una  prueba  que  hace  parte  del proceso o supone una que no ha sido incorporada al  mismo.  De identidad, cuando  distorsiona  el  contenido  material  de  una  prueba determinada. De  raciocinio, cuando desconoce las reglas  de  la  sana crítica en su valoración. De legalidad,  cuando  se  aparta  de  las  normas  que  regulan  la  formación   o   producción   de  la  prueba.  Y  de  convicción  cuando desconoce las normas que tasan los  medios de prueba, su valor, o su eficacia probatoria.    

En  el  caso analizado el demandante presenta  dos  cargos contra la sentencia impugnada. Uno principal, por errores de derecho  por  falsos juicios de legalidad en la apreciación de las pruebas que acreditan  la  materialidad  del  delito,  y  otro por errores de  hecho  en  la  apreciación  de  las  que sirvieron de  sustrato  a  los  juzgadores  de  instancia  para afirmar la responsabilidad del  procesado en los hechos.     

El  primer  cargo,  no  amerita reparo alguno  desde  el  punto  de  vista  formal  y de su contenido. El demandante identifica  claramente  la  causal alegada, la forma de la violación, la clase de error, su  modalidad,  señala  las  pruebas en cuya apreciación se presentó y explica en  qué  consistió  en  cada  caso  el  error.  Por tanto, será admitido para ser  analizado  de fondo y se ordenará en consecuencia correr traslado al Procurador  Delegado para la Casación Penal para que emita concepto.   

Los requerimientos de claridad, concreción y  debida   fundamentación,   no   son  los  mismos  en  relación  con  el  cargo  subsidiario.  En  este  reparo  el  casacionista  plantea  errores  de   hecho   en   la  apreciación  de  las  pruebas,  pero  no  dice  cuál  error, de entre las distintas modalidades que  comprende  esta  categoría  (existencia, identidad o  raciocinio),  se  presentó  en  cada   caso  en  concreto,  ni  qué  incidencia  real  llegó  a  tener  en  la  declaración de  responsabilidad del procesado.   

Simplemente  se  limita  a  disentir  de  las  conclusiones  probatorias  de  los  juzgadores  de  instancia  en  temas como la  existencia   de   Luis  Alberto  Vélez,  la  participación  del  implicado  en  la  operación  de carga del  vehículo,  el  hallazgo en su maletín de los sellos con los cuales se habrían  adulterado  los  documentos,  y  la  variación  injustificada  de  la ruta, y a  sostener,   sin   más,   que   los   juzgadores   incurrieron  en  falsos   errores   de  apreciación  de  las  pruebas  al  analizar  estos aspectos, sin indicar la clase de error cometido  en cada caso, ni empeñarse en demostrarlo.   

A  lo largo de todo el discurso argumentativo  se  dedica  a confrontar sus conclusiones probatorias con las de los juzgadores,  en  la  pretensión  de  que  la  Corte  las  acoja por sobre las de éstos, sin  reparar  que en casación la sentencia de segunda instancia viene amparada de la  doble  presunción  de acierto y legalidad, y que mientras no se desvirtúe esta  presunción  demostrando  la  existencia  de  errores  en  su  apreciación, las  conclusiones  probatorias  de los juzgadores prevalecen sobre las de los sujetos  procesales.     

Al  terminar  su  discurso  el  casacionista  sostiene  que los juzgadores desconocieron las reglas de la sana crítica, dando  a  entender  que se habría presentado un error de hecho por falso raciocinio en  la  apreciación  de  las  pruebas,   pero  la  denuncia se queda en simple  enunciado,  toda  vez   que  no  indica  sobre  qué pruebas en concreto se  presentó  el error, ni qué principio de la lógica, cuál regla de experiencia  o  cuál  postulado  de la ciencia los juzgadores dejaron de aplicar o aplicaron  equivocadamente   en  la valoración de su mérito, ni cómo repercutió el  error  en  sus  conclusiones  probatorias, precisiones sin las cuales no resulta  posible atender un ataque por este motivo en sede extraordinaria.   

En  síntesis, el segundo cargo no cumple las  exigencias   mínimas   de   claridad,   concreción  y  debida  fundamentación  requeridas  por  la  ley  y la lógica del recurso para su estudio de fondo. Por  tanto,  se  lo  inadmitirá,  de conformidad con lo previsto en el artículo 213  del Código de Procedimiento Penal.   

En mérito de lo expuesto, LA CORTE SUPREMA DE  JUSTICIA, SALA DE CASACIÓN PENAL,   

RESUELVE:  

1.  Admitir  el  cargo  primero de la demanda  presentada   por   el   defensor   de   Nelson  Monroy  Cifuentes.  En consecuencia, se ordena correr traslado  al  Procurador  Delegado  para  la  Casación  Penal  para que emita concepto en  relación con este específico reparo.    

2.   Inadmitir   el   cargo  segundo.    

Contra  esta  decisión no proceden recursos.   

NOTIFIQUESE Y CUMPLASE.  

SIGIFREDO ESPINOSA PEREZ  

ALFREDO            GOMEZ  QUINTERO            MARIA  DEL  ROSARIO GONZALEZ DE LEMOS   

AUGUSTO        J.        IBAÑEZ  GUZMAN           JORGE   LUIS   QUINTERO  MILANES   

YESID            RAMIREZ  BASTIDAS               JULIO ENRIQUE SOCHA SALAMANCA   

                           

                                               JAVIER ZAPATA ORTIZ   

                                             

                                           

                                                     

                                                    Teresa Ruiz Núñez   

                                                       SECRETARIA   

    

1  Folios 19,22,24,191 del cuaderno original 1 y 50-62 del cuaderno 2.   

2  Folios  179-193 del cuaderno original 3.   

3  Folios 6-18 del cuaderno del Tribunal.     

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