28581(24-04-08)

2008

Asistente Jurídico Inteligente

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    Proceso     No  28581   

CORTE   SUPREMA   DE  JUSTICIA   

SALA   DE   CASACIÓN  PENAL   

Magistrado Ponente:  

Dr. SIGIFREDO ESPINOSA PÉREZ  

Aprobado Acta No. 100  

Bogotá, D.C, veinticuatro de abril de dos mil  ocho.   

V   I   S   T   O   S   

Resuelve  la  Corte  la acción de revisión  promovida  por el defensor del condenado contra la sentencia del 19 de diciembre  de  2001, mediante la cual el Juzgado Primero Promiscuo del Circuito de San Juan  de  Cesar,  Guajira, condenó a PABLO ANTONIO RUIZ SANABRIA, a la pena principal  de  diecisiete  (17)  años  de  prisión  y  la  accesoria  de interdicción en  derechos  y  funciones  públicas  por  un  lapso  de  diez  años,  como  autor  responsable   del   delito   de  homicidio  agravado,  en  decisión  confirmada  íntegramente  por  el  Tribunal  Superior  de  Riohacha,  el  28  de febrero de  2002.   

H     E  C     H  O S   

           El  día  25  de  diciembre  de  1983,  se suscitó un incidente entre Juan José Vargas y una  patrulla  policial  que pretendió someterlo a registro personal, aunque, pese a  la resistencia del civil, el asunto no pasó a mayores.   

             Empero,    ello  generó  algún  tipo  de  resentimiento en uno de los miembros de esa patrulla,  PABLO  ANTONIO  RUIZ SANABRIA, quien, pese a hallarse en franquicia y al parecer  embriagado,  tomó  un  arma  de dotación tipo carabina y con ella le causó la  muerte,  hallándolo completamente desarmado, a Juan José Vargas, en una de las  calles  del  municipio de Urumita, Guajira, cuando ya avanzaba la noche del 6 de  marzo de 1983.   

ACTUACIÓN  PROCESAL   

Conocida      la      Notitia  Criminis,  el  17  de  marzo de  1983,   el  Juzgado  80  de  Instrucción  Criminal,  abrió  la  investigación  penal  ordenando  vincular  mediante  indagatoria  al  agente  de  policía  PABLO  ANTONIO  RUIZ  SANABRIA,  diligencia que se realizó el 23 de marzo siguiente.   

El  24  de  enero  de  1983,  el Juzgado de  Primera  Instancia,  Departamento  de  Policía  de la Guajira, decide enviar lo  actuado  a  la  justicia  ordinaria,  por estimar que esta es la competente para  conocer   de   lo   ocurrido,  proponiendo  de  entrada  colisión  negativa  de  competencias.   

El  4  de  febrero  de  1983, el proceso es  repartido  al  Juzgado 1° Superior de Riohacha, el cual ningún pronunciamiento  hace   respecto   de   la   colisión  planteada  y  en  su  lugar  asume  conocimiento,  por  cuyo  efecto  decreta   medida  de  aseguramiento  de  detención  preventiva  en  contra  del  procesado.   

El 14 de marzo de 1990, el Juzgado Superior  decreta  la  nulidad  de  lo actuado a partir de la providencia que dispuso  la  detención  preventiva  del  procesado,  por  entender  que  había  sido violado su derecho a la defensa. En  virtud  de ello, se comisiona al Juzgado 6° de Instrucción Criminal Ambulante,  para que perfeccione la investigación.   

El 5 de julio de 1990, regresa el proceso al  Juzgado  Primero  Superior. Empero, el 18 de julio de  1990,   el   titular  del  despacho  manifestó  su  incompetencia  para  seguir  tramitando  el  caso,   disponiendo que el proceso fuese enviado al Juzgado  de Instrucción Criminal con sede en San Juan de Cesar, Guajira.   

El  9 de agosto de 1990, asume conocimiento  el  Juzgado  5°  de  Instrucción  Criminal  de San Juan de Cesar, despacho que  decreta el cierre de la investigación el 15 de febrero de 1991.   

No  obstante, el mérito de la instrucción  no  fue  calificado,  ya  que  el funcionario, en interlocutorio datado el 31 de  diciembre  de  1993, realizado en formato preimpreso para el efecto, decretó la  preclusión  de  la  investigación  por  estimar  que  para  ese momento había  operado  el  fenómeno  jurídico de la prescripción.  Esa decisión se notifica por estado fijado el 5 de enero de 1994.   

Con  fecha  de  recepción  del  12 de  enero  de  1994,  el  representante  de  la parte civil solicita de la fiscalía  anular  el  proveído  del  31 de diciembre de 1993, pues, advierte que para ese  momento  el  asunto  no  se halla prescrito, si se toma en cuenta que los hechos  ocurrieron  en  el  año  1983  y  la  pena  máxima para el delito de homicidio  asciende a 15 años.   

El  21  de  enero  de 1994, la fiscalía, a  cargo  del  mismo  funcionario que decretó la prescripción, anuló el auto del  31  de  diciembre  de  1993,  atendiendo las razones de la representación de la  parte civil.   

Con  fecha  del  11  de  marzo  de 1994, la  Fiscalía  califica el mérito del sumario dictando resolución de acusación en  contra  de  PABLO  ANTONIO  RUIZ  SANABRIA,  a  título  de  autor del delito de  homicidio.   

El  21  de  abril  de 1994, se repartió el  asunto,  por  competencia  y  para  adelantar  la  fase  del  juicio, al Juzgado  Promiscuo  del Circuito de San Juan de Cesar, Guajira,  oficina  judicial  que luego de los respectivos traslados, realizó la audiencia  pública      de  juzgamiento el 8 de mayo de 1996.   

A  pesar  de  ello,  en  lugar de emitir el  consecuente  fallo,  la  dependencia  judicial en cita profirió auto en el cual  decreta  la nulidad de todo lo actuado desde el auto del 2 de agosto de 1984, en  el  cual  la  justicia  ordinaria,  asumiendo  competencia  después  de  que la  Justicia  Penal  Militar abjurara de ella, decretó la detención preventiva del  procesado.   

Acorde  con ello, retraído el proceso a la  etapa  de  la  instrucción,  el día 12 de agosto de 1998, la Fiscalía Tercera  Seccional  de  San  Juan  de  Cesar,  Guajira, asume el conocimiento del asunto,  ordenando  vincular  legalmente  al  procesado,  quien,  finalmente es declarado  persona   ausente,   designándose   defensor   de  oficio  para  su  asistencia  legal.   

El  9  de  junio  de  1999,  se resuelve la  situación  jurídica  de  RUIZ  SANABRIA,  decretándose en su contra medida de  aseguramiento de detención preventiva, por el delito de homicidio.   

El 29 de enero de 2000, la Fiscalía decreta  la  preclusión  por prescripción de la acción penal, en el entendido que para  ese  momento  ya  habían  discurrido,  a partir de la ejecución de los hechos,  más  de  15  años,  término  máximo  de  pena  establecida para el delito de  homicidio.   

Apelada la decisión por el representante de  la  parte civil, el 25 de agosto de 2000, la Fiscalía Delegada ante el Tribunal  Superior  de  Riohacha,  revocó lo decidido por el inferior, advirtiendo que el  término   de   prescripción  debía  ser  incrementado  por  corresponder,  el  procesado,  a un funcionario público que ejecutó el delito en ejercicio de sus  funciones.   

Conforme   lo  decidido  por  la  segunda  instancia,  el  fiscal  instructor decretó el cierre de la investigación el 25  de  septiembre  de  2000.  Consecuentemente,  el  8  de noviembre de ese año se  calificó  el  mérito  de  la instrucción, con proferimiento de resolución de  acusación  en  contra  de  PABLO ANTONIO RUIZ SANABRIA, en calidad de autor del  delito  de  homicidio  agravado  por  la  circunstancia  de  indefensión  de la  víctima.   

Ejecutoriada  la resolución de acusación,  asumió  conocimiento  para  adelantar  la  etapa del juicio, el Juzgado Primero  Promiscuo  del  Circuito  de  San  Juan  de  Cesar,  el   16  de  enero  de  2001.   

A  través  de  providencia  interlocutoria  datada   el   12  de  marzo  de  2001,  el  despacho  decreta  oficiosamente  la  prescripción  de la acción penal, ocurrida en la fase instructiva, por estimar  que  no  se configura la causal de agravación del homicidio y, en consecuencia,  se   eleva   a   15   años   el  plazo  máximo  permitido  para  adelantar  la  investigación.   

Esta   decisión  fue  impugnada  por  el  representante  de  la  parte civil, razón por la cual  intervino  en  segunda  instancia  el  Tribunal  Superior  de  Riohacha, órgano  judicial  que  a través de interlocutorio emitido el 17 de mayo de 2001, revoca  lo  decretado  por  el  A  quo, advirtiendo que no era de su resorte analizar la  existencia o no de agravantes.   

El  16  de  julio  de  2001  se  ordenó la  libertad  del  procesado, por vencimiento de términos, la cual se hizo efectiva  el 1° de agosto siguiente.   

El  31  de  octubre  de 2001, tuvo lugar la  audiencia  pública  de juzgamiento, en la cual el fiscal pidió se decretara la  prescripción  de  la  acción  penal  significando  que,  en  su  sentir, no se  configuraba  la  causal  de agravación de indefensión de la víctima despejada  en el interlocutorio de acusación.   

El 19 de diciembre de 2001, se profirió la  sentencia  de  primera  instancia  en  la  cual  se  condenó  al procesado como  responsable  del  delito  de  homicidio  agravado,  a  la pena   de  17  años  de  prisión.  Allí se  denegó  la  solicitud  de  la  fiscalía,  argumentando  el  juzgado que sí se  configuraba fáctica y jurídicamente la agravación en cita.   

El procesado fue capturado de nuevo el 16 de  enero de 2002.   

Dado que el defensor del procesado apeló la  sentencia,  con  fecha  del  28  de  febrero  de  2002,  el Tribunal Superior de  Riohacha,  emite  el  fallo  de  segundo  grado que confirma en su integridad lo  decidido por el A quo.   

Y     si     bien,     el defensor del acusado presentó demanda  de  casación, en la cual, básicamente, sigue pregonando que no se configura la  causal  de  agravación de indefensión y, en consecuencia, debió decretarse la  prescripción  de la acción penal, su pretensión se vio frustrada, dado que en  proveído  del  27  de mayo de 2003, la Corte inadmitió el escrito.     

Por  último,  el 29 de septiembre de 2006,  ejecutoriada  la  sentencia  condenatoria,  el  proceso  pasó al Juzgado 6° de  Ejecución  de  Penas  y  Medidas  de  Seguridad de Bogotá, a fin de vigilar la  ejecución de la condena.   

LA DEMANDA  

         La  acción  de  revisión presentada por el defensor del condenado  PABLO   ANTONIO   RUIZ   SANABRIA,   fue   promovida  al  amparo de la causal 2ª del artículo     220     de     la    ley    600    de    2000,    por considerar que el fallo demandado no  podía   proferirse,   por   prescripción   de  la  acción.   

         En desarrollo de su argumentación, el  accionante  significa que el trámite al cual recurre lo funda en los artículos  19,  187  y  220  de  la  Ley  600  de  2000, y el artículo 82 de la Ley 599 de  2000.   

         En  concreto,  respecto de la primera norma, consagratoria del principio de cosa  juzgada,  el demandante señala que a través de auto emitido el 31 de diciembre  de  1993,  la  fiscalía  precluyó, por prescripción, la acción penal a favor  del  procesado,  en  decisión  que  cobró  ejecutoria  el 11 de enero de 1994,  terminando así el asunto penal.   

           Conforme a  ello,  agrega,  en  el asunto examinado no podía emitirse sentencia, además de  que  el  reinicio de la investigación afecta los principios de Non Bis In Ídem  y  debido  proceso, ya que existía una circunstancia  de    “improcedibilidad”,  suficiente  para  fundar  la  causal  2°  del  artículo  220 de la Ley 600 de 2000, aducida como  soporte de la revisión deprecada.   

         Culmina  señalando  el  accionante, que la decisión del fiscal a través de la  cual  decretó  la  nulidad del auto que decretó la prescripción, tomada el 21  de enero de 2004, emerge ilegal y contraria a derecho.   

         A  título  de  pruebas  y  anexos  de  la  demanda,  el  defensor del procesado  presentó:   

         -Copia  auténtica  de  la  resolución  proferida  por  la  Fiscalía  el 31 de  diciembre  de  1983, a través de la cual decretó la  preclusión  por  prescripción,  con  constancia de  ejecutoria.   

         -Copia del auto por medio del cual esa misma oficina  decretó la nulidad del interlocutorio anterior.   

             -Copia     de  decisión  tomada  por  el  Tribunal  Superior  de  Bogotá  el  31  de julio de  2006,   en  la  cual  “…decide  recurso  de  apelación  y  señala  que  para  lo  pretendido  debe acudirse a la acción de  revisión,                       causal                       2°”           

          -Copias  auténticas   de  las  sentencias  de  primera  y  segunda  instancias,  con  la  constancia de ejecutoría de la condena.   

          -Poder  especial  para  actuar  en  sede  de  revisión,  otorgado  al demandante por el  procesado.   

ALEGATOS DE LAS PARTES  

1. Del Ministerio Público  

El  Procurador  Primero  Delegado  para  la  Investigación  y  el Juzgamiento Penal, empieza por señalar que la pretensión  del  accionante  remite  a  determinar la existencia de decisión ejecutoriada a  través  de  la  cual  se  precluía  la  investigación por prescripción de la  acción penal, a pesar de emerger ilegal ese acto procesal.   

Estima   el  representante  del  Ministerio  Público,  que  no  existe  manera de reconocer a favor del condenado un derecho  que  no  se  materializó,  pues, cuando el artículo 220 de la Ley 600 de 2000,  establece  en su causal segunda la operancia de la prescripción como causal que  impide  haber  adelantado el proceso penal, requiere de una concreción material  de  ese  paso del tiempo y no apenas de la formal reflejada en la resolución de  preclusión contraria a derecho.   

Ya luego, destaca el Procurador la naturaleza  y  finalidades  de  la  acción de revisión, relevando cómo ella se instituyó  para    hacer    vigente    la    justicia    material    y    la   “verdad   real”   pasadas   por alto en el proceso finiquitado.   

Y se desvirtúa una dicha teleología, añade,  cuando  lo  pretendido  es  hacer  valer  una  decisión que se sustentaba en la  ilegalidad,   dado   que,   como   se   demostró  después,  los  términos  de  prescripción no se hallaban cubiertos.   

Ahora,  sostiene  el  agente  del  Ministerio  Público,  si lo buscado es que prevalezcan los principios de cosa juzgada y Non  Bis  In Ídem, que pueden aplicar frente al auto de preclusión, el debate no se  puede establecer dentro de los límites de la causal invocada.   

Al efecto, detalla el procurador el contenido  de  la  causal  2°  contenida  en  el artículo 220 de la Ley 600 de 2000, para  concluir  que  por  intermedio  suyo  se busca remover la cosa juzgada cuando se  demuestra  que  en  el  curso  del proceso ocurrió alguna de las circunstancias  objetivas  allí  detalladas,  entre ellas la prescripción, y no fue reconocido  el   fenómeno  oportunamente,  hasta  el  punto  de  culminarse  con  fallo  el  proceso.   

Opera, así, la revisión, como mecanismo para  reparar  la  injusticia  material  en que incurrió el Estado, pero se limita la  acción  a  casos  precisos, dentro de concretas condiciones que ha de demostrar  quien alega la causal.   

Una   de   estas   condiciones,  añade  el  Procurador,  refiere  a que esa circunstancia no haya sido reconocida dentro del  proceso  –por ejemplo con  la  decisión  de  preclusión como aquí ocurre-, dado que, por sustracción de  materia,  ya  no  cabe  alegarla  dentro  del  mecanismo consagrado por  el  artículo 220 citado.   

La  argumentación  del accionante, afirma el  Ministerio  Público,  debe  guardar  cabal relación con la causal de revisión  invocada,  asunto  ajeno  a  lo que se extracta de lo consignado por el defensor  del  procesado  en  su  escrito,  pues a más de no precisar cuál de todas esas  circunstancias  contempladas  en  el numeral 2° del artículo 220 de la Ley 600  de  2006,  es  la  invocada, se aparta de lo consignado allí cuando sustenta su  pretensión  en  la  violación a los principios de cosa juzgada  y Non Bis  In Ídem.   

Por  lo  demás,  sostiene  el procurador, lo  referido  a  la  irregularidad  del  auto  a  través  del  cual  se revivió la  actuación,  anulando   la preclusión decretada, dejó de ventilarse en el  proceso  penal y ni siquiera se atacó en casación, cuya demanda fue inadmitida  precisamente porque no se adujo como causal este hecho.   

A  renglón  seguido,  el  representante  del  Ministerio  Público  aborda  el  tema de la prescripción decretada ilegalmente  por  la Fiscalía en decisión del 31 de diciembre de 1983, después anulada por  el  funcionario,  para  demostrar  que,  efectivamente, en ese momento no había  discurrido el término suficiente para declararla.   

Culminando  con  cita  pertinente de la Corte  acerca  de  la  finalidad  de  la acción de revisión, de la cual se nutre para  afirmar  que  el  fallo  condenatorio  no  es injusto, el procurador solicita se  declare infundada la causal alegada por el accionante.   

2. Del apoderado del condenado  

        El  apoderado del procesado  retoma  los  planteamientos  expuestos en la demanda   para   reiterarlos   con   el   fin   de  obtener  decisión favorable a sus intereses.   

         Reitera,  entonces,  que  fue  ilegal la decisión de anular el auto a través del cual se  decretó  la  preclusión  de  la investigación por prescripción de la acción  penal, atentando ello contra el principio de cosa juzgada.   

             Señala,  al respecto, que “…la Sala de Decisión  Penal  del  Tribunal  Superior  de  Riohacha,  no podía confirmar una sentencia  proferida  en un proceso penal que no tenía razón ni fundamento jurídico para  iniciarse  ni para proseguirse, por prescripción de la acción penal, declarada  judicialmente,    expedida    por    autoridad    competente    y   ejecutoriada  materialmente.”.   

             Y    agrega, respecto a la resolución que precluyó la investigación  por  prescripción  “…el  hecho  que  haya  sido  ilegal  o determinada por error o desconocimiento del funcionario que instruyó,  no  es  objeto de controversia en este momento procesal, pues estoy exponiendo y  presentando  una  causal para revisar la sentencia del caso, que está presente,  que       se       verifica       de      manera      objetiva…”.   

         Pide  el  demandante,  en  consecuencia, que se declare fundada la  causal,   se  deje  sin  valor  el  fallo  condenatorio  y  se  emita  sentencia  absolutoria  a  favor  de su representado legal, quien debe recobrar la libertad  de inmediato.   

CONSIDERACIONES DE LA CORTE  

          De   acuerdo   con   la   causal   segunda  del  artículo  220  del  Procedimiento  Penal  aplicable  a  este  caso  (Ley 600 de 2000), la acción de  revisión  procede  contra  fallos  ejecutoriados,  cuando  se  hubiere  dictado  sentencia  condenatoria  o  que  imponga  medida  de seguridad en proceso que no  podía  iniciarse  o  proseguirse  por  prescripción de la acción, entre otras  hipótesis.   

           Es  ésta,  cabe  relevar,  la  circunstancia  genérica que sustentó la acción presentada  por  el  defensor  del  procesado,  aunque, como lo sostiene  el Ministerio  Público  en su concepto, ya el desarrollo de la causal se muestra ambivalente e  incluso  abandona  los  marcos  propios  de  la misma, circunstancia que por sí  misma    conduce   a   significar,   como   lo   hará   la   Corte,   infundada  aquella.   

            En   este  sentido,  es  necesario  destacar  como propio del análisis obligado a realizar  por  la  Corte,  el  tema  jurídico  referido  a la naturaleza de la acción de  revisión  y  las  características  básicas  de  la  causal  propuesta  por el  accionante,   para   concluir  de  ello  en  la  absoluta  improcedencia  de  lo  alegado  por este.   

         Acción  de  revisión y naturaleza de la causal 2° del artículo  220   de   la  Ley  600  de  2000.      

            Debe   la  Corte  partir  por  precisar que la acción de revisión no reviste un carácter  subsidiario  o  alternativo,  a  la  manera  de entender que cualquier vicio del  procedimiento,   irregularidad   sustancial,   defecto  probatorio  o  yerro  de  valoración  judicial  puede tener acomodo en el especial trámite, sea o no que  ello hubiese sido alegado en sede de casación.   

           No.  Todo  lo contrario, en nuestra sistemática penal claramente se han diferenciado  la  acción de revisión y el recurso extraordinario de casación, dentro de una  teleología,  fundamentos  y  alcances  completamente diferentes, que parten, en  una   distinción   elemental,   de  que  el  segundo  remite  a  decisiones  no  ejecutoriadas,  al  tanto  que  la  primera,  y de allí surge su especificidad,  busca derrumbar el principio básico de la cosa juzgada.   

           De   ahí   que  ambos  comporten  escenarios diferentes en punto de su trascendencia, pues, para  decirlo  en  pocas  palabras,  en  el  recurso  de  casación se busca atacar la  legalidad  y  certeza  del  fallo, al tanto que la acción de revisión propugna  por  discutir  la justicia de la decisión y el principio de verdad material que  ha de animarla.   

           Bajo estos  parámetros  de  distinción,  es claro que las causales de uno y otro mecanismo  se  distancian  notablemente,  precisamente  porque  cada  una  de  ellas  busca  desarrollar su particular objeto.   

          Entonces,  no  es  posible  verificar  pasible  de  atacar  por  la  vía  de la acción de  revisión,  aspectos  atinentes  a la legalidad del trámite procesal, así como  tampoco    emerge    adecuado    presentar   en   casación   nuevos   elementos  probatorios    que   se   encaminen   a  determinar  la  injusticia  de  lo  decidido.   

           Y,  si  en  ambos  institutos  es  posible  obtener  decisión  favorable  en  punto  de  la  prescripción  de la acción penal, ello no deviene de que exista una causal que  hermane  las  disímiles  finalidades que los animan, sino que, en el caso de la  casación,  es  necesario  declarar el paso del tiempo como fenómeno que impide  proseguir  con la actuación procesal –respecto  de  un asunto que, se releva, no ha sido cubierto por el  manto  de  la  ejecutoria-, generando, por contera, la incompetencia para que se  continúe conociendo de él.    

             Sobre  el tema analizado, ha dicho la Corte Constitucional, cuando de abordar el  carácter   de   la   Cosa   Juzgada   y  el  principio  Non  Bis  In  Ídem  se  trata1:   

“Con  todo,  el  principio  de  la  cosa  juzgada  no  tiene  carácter  absoluto  pues  puede  llegar a colisionar con la  justicia  material  del  caso  concreto.  Para  enfrentar  tal  situación se ha  consagrado  la  acción  de  revisión,  la  cual permite en casos excepcionales  dejar  sin  valor  una  sentencia ejecutoriada en aquellos casos en que hechos o  circunstancias  posteriores  a  la  decisión  judicial  revelan  que  ésta  es  injusta.  En este sentido puede afirmarse que la revisión se opone al principio  “res  iudicata  pro  veritate  habertur”  para  evitar  que  prevalezca  una  injusticia,  pues  busca  aniquilar  los  efectos  de  la  cosa  juzgada  de una  sentencia  injusta  y  reabrir  un  proceso  ya  fenecido.  Su  fin  último es,  entonces,  buscar  el imperio de la justicia  y verdad material, como fines  esenciales del Estado.   

La  acción  de  revisión tiene su propia  connotación,  pues  no comporta un preciso y restringido juicio jurídico sobre  la  sentencia  y  sobre la legalidad del proceso, como sí lo hace el recurso de  casación.  Por  tal  razón  la  jurisprudencia  ha  expresado  que  estos  dos  institutos no pueden confundirse:   

“La casación no puede confundirse con la  acción  de revisión, aunque ambas sean medios de impugnación extraordinarios,  pues  en la primera se cuestiona la juridicidad del fallo, es decir, la estricta  observancia  de  la  ley  y  la  Constitución,  y en la segunda se cuestiona la  decisión  judicial  por  que  la  realidad  allí declarada no corresponde a la  verdad  objetiva  o  real,  debido  al  surgimiento  de  hechos nuevos que no se  conocieron  durante el trámite del proceso penal y que, necesariamente, inciden  en ella.   

“De  ahí  que  se  haya afirmado que la  casación  tiene  como  objetivo  “desvirtuar  la doble presunción de acierto y  legalidad”,  en  tanto  que  “en  la  revisión,  el  objetivo  es desvirtuar la  presunción  de verdad, que ampara la cosa juzgada; por ello en la revisión, no  hay       lugar,       a       considerar      errores      in      iudicando,     ni     in  procedendo,  los  que  se enmarcan  dentro  de las causales de casación, ni vicios sobre las pruebas soportes de la  sentencia,  ora  por  falsos  juicios  de  existencia,  o  de  falsos juicios de  identidad,  o  por  errores  de  derecho  por falsos juicios de legalidad. En la  revisión,   la   controversia  gira,  entre  verdad  formal   o   verdad  jurídica  y  la  verdad    real,   o   acontecimiento  histórico       realmente      dado.”      2   

Teniendo  en cuenta que la revisión está  llamada  a modificar providencias amparadas por la cosa juzgada, es un mecanismo  extraordinario  que  sólo procede por las causales taxativamente señaladas por  la  ley.  Es  por ello que la jurisprudencia ha dicho que las causales previstas  para  su  procedencia  deben  ser interpretadas en forma restrictiva3.  Por  lo  tanto,  corresponde  al  legislador determinar cuáles son las posibles causales  que  podrán  justificar  privar  de  efectos  una  sentencia  que  ya  ha hecho  tránsito a cosa juzgada.   

En   ejercicio   de   su   facultad   de  configuración  en  esta  materia,  el legislador ha establecido en el artículo  220  del  CPP que la acción de revisión procede por seis motivos, en principio  frente  a  sentencias  condenatorias, con el fin de proteger preferentemente los  derechos  del  procesado.  Es  así  como  expresamente  lo  consagró  para las  causales  primera,  segunda, tercera y sexta de la citada disposición. Respecto  de  las  causales  referidas  en  los  numerales  cuatro  y  cinco,  cuando  con  posterioridad  a  la sentencia se demuestre, mediante decisión en firme, que el  fallo  fue  determinado  por  una  conducta  típica  del  juez  o de un tercero  (numeral  4°) y cuando se demuestre, en sentencia en firme, que el fallo objeto  de  pedimento  de  revisión  se  fundamentó  en  prueba  falsa  (numeral 5°),  conviene  aclarar  que  aunque  para éstas, si bien el artículo 220 del CPP no  dispuso  tal  consagración de manera expresa, debe entenderse que la acción de  revisión  en  estos  casos opera, en principio, para la sentencia condenatoria,  dado  que  el último inciso del artículo que nos ocupa consagra la procedencia  de  la  acción de revisión por las mismas causales en los casos de preclusión  de    la    investigación,    cesación    de    procedimiento    y   sentencia  absolutoria.”         

              De  igual  manera,  en  la  que ha sido reiterada y pacífica jurisprudencia, la  Sala             ha            sostenido4:   

“La acción de revisión es un medio para  conseguir  la  realización  de la justicia y un mecanismo excepcional contra la  inmutabilidad  de  la  cosa  juzgada  por  la  ocurrencia  de hechos y conductas  contrarias  a  derecho  que una vez configuradas, desvirtúan la oponibilidad de  la  sentencia  en  firme  y  la  seguridad jurídica que le sirve de fundamento.  Dentro  de  este  contexto, la razón de ser del instituto es la de subsanar los  defectos  materiales  de  aquellas  providencias  que ponen fin al proceso penal  tanto  en  la  instrucción  como  en el juicio, proferidas en contravía de una  recta  administración  de justicia, atendiendo al interés general de la verdad  y  de  la justicia como forma de garantizar una convivencia pacífica y un orden  justo para el conglomerado social.   

Por  lo  mismo,  no  es  un mecanismo para  revisar  la  legalidad  de la sentencia como sucede con el recurso de casación,  sino  la  justicia  en su  dimensión  positiva, para evitar que se condene a inocentes o se absuelva a los  responsables.   

Dadas sus especiales características, que  como  se  dijo  se dirigen a derruir la cosa juzgada, su ejercicio no sólo debe  someterse  a  las taxativas causales que para su prosperidad indica el artículo  220  del Código de Procedimiento Penal, sino que además requiere del aporte de  medios  de  prueba  serios,  procedentes,  idóneos  y  con  suficiente grado de  credibilidad   y   trascendencia   para   conducir   a   la  rectifi­ca­ción del error que se enrostra a la  providencia  demandada,  superando  en  ella  la  injusticia  que  el  actor  le  adjudica”.   

           Pues bien,  lo  anotado  en  precedencia  perfila  inconcuso que el fundamento básico de la  acción  de  revisión no lo es la definición de si el proceso se tramitó o no  adecuadamente,  o  si  se impuso la legalidad, o si las decisiones operaron  inmutables,  o  en  fin,  todos  aquellos  aspectos  de  rango procedimental que  regular  o  irregularmente perfeccionaron la decisión que hizo tránsito a cosa  juzgada.   

              Al  efecto,  cualquier  discusión  en torno de la forma en que se adoptaron las  decisiones,  necesariamente  debió  formularse  en  curso  del  proceso,  sea a  través  de  la  postulación interna que allí se contemplaba o por vía de las  impugnaciones,  ya  ordinarias,  para  hablar  de  los recursos de reposición y  apelación, ora extraordinaria, como ocurre con la casación.   

             Cuando  el proceso es cubierto por la cosa juzgada, se asume completamente legal  su  tramitación  y  ya  no  es  posible  discutir  la regularidad del trámite,  simplemente  porque  la  acción  de  revisión, dada su naturaleza excepcional,  solo  faculta  derrumbarlo,  como  se  vio, cuando se demuestra que la decisión  atenta contra la justicia o se lleva de calle la verdad material.   

             De  esta  manera,  es  dable  significar que cualquiera sea la causal aducida en  revisión,  ella  necesaria  e  indispensablemente  debe  estar  nutrida  de  un  sustrato  material,  pues, se reitera, no se vigila la legalidad del trámite, o  mejor,  la  formalidad  inserta  en  las  decisiones  allí  contenidas, sino el  contenido y efectos del fallo.   

             Bajo   esta   premisa   fundamental,  no  parece  sujeto  a  discusión  que  la  entronización  de  la  causal  segunda del artículo 220 de la Ley 600 de 2000,  supuso  del  legislador,  dentro  de  su  libertad  de  configuración, pero con  absoluto  respeto  por  la  naturaleza y finalidades de la acción de revisión,  precaver  la  posibilidad  de  que  en  curso  del  proceso  no se advirtiera la  existencia      de      hechos      eminentemente     objetivos     –entre ellos el paso del tiempo como  circunstancia  impeditiva de la continuación de la acción penal-, menesterosos  de  declarar  después,  por  virtud  precisamente  del mecanismo extraordinario  examinado, a efectos de hacer prevalecer el valor justicia.   

            Así  las  cosas,  elemento  insustituible  para que tenga buena fortuna la causal alegada,  es   que   esta  se  funde  en  hechos  o  circunstancias  objetivas  ciertos  e  indiscutibles.  Vale  decir,  si se advierte la necesidad de haber extinguido la  acción  penal  porque  no existió querella en los delitos que demandan de ella  como   requisito  de  procedibilidad,  que  efectivamente  ella  no  se  hubiese  presentado;  igual si se trata de las causales consagradas en el artículo 82 de  la  Ley 599 de 2000, entre ellos la muerte del procesado, el desistimiento de la  querella,  la  amnistía, la oblación, el pago, la indemnización integral y la  retractación.   

           No  puede,   por   ello,   alegarse   adecuadamente   cubierta   la  causal  segunda  referenciada,   si  a  la  par  no  se  allega  prueba  que  demuestre  cabal  y  efectivamente materializado el hecho que le sirve de soporte.   

             Para  el  caso  de la prescripción que nos ocupa, de ninguna manera es factible  determinar  perfeccionada la causal alegada, por la potísima razón que ella no  se  soporta  en  un  hecho  cierto: el paso efectivo del tiempo durante el lapso  determinado  por  la  ley  para obligar cesar la persecución penal, sino en una  decisión  tomada  por  la  fiscalía  el  31  de diciembre de 1983, que así lo  declaró,  con  lo  cual,  está  claro  que lo alegado no es reconocer el hecho  prescriptivo,  dada  su  inexistencia,  sino  otorgar  valor  hacia futuro a una  decisión tomada irregularmente en ese sentido.   

          No se extenderá  la  Corte  en  el  análisis  de  los  factores que entran en juego a efectos de  determinar  si  para  el  31  de diciembre de 1993, se hallaba prescrita o no la  acción  penal,  pues,  está claro que no era así, como lo reconoce incluso el  accionante en su escrito.   

           Y,  si  no  se  discute  que a esa fecha, 31 de diciembre de 1993, ni a ninguna otra a pesar  de   los   intentos   infructuosos  del  defensor  por  establecer  otros  hitos  prescriptivos,  no alegados aquí, era perfectamente legítimo el adelantamiento  de  la acción penal dado que los términos de prescripción todavía no estaban  cumplidos  –recuérdese,  se  trata  de  un  delito de homicidio, que para ese momento se entendía simple  y   contemplaba  pena  de  10  a  15  años de prisión, respecto de hechos  ocurridos  el  6  de  marzo  de 1983 y que en la fase instructiva, acorde con lo  dispuesto  en  el  artículo  80  del  Decreto Ley 100 de 1980, imponía para su  prescripción  que  discurriese “un tiempo igual al  máximo  de  la  pena fijada en la ley”-, carece de  sustento  material  la  pretensión  revisora  del  accionante y, por ende, debe  estimarse  completamente infundada la causal a la que recurrió, que demanda, se  repite,  cabal  cumplimiento  de  esos  términos  y no la simple manifestación  formal que al respecto se hubiese tomado dentro del proceso.   

         Incluso,  consciente  de  esa imposibilidad concreta de determinar cumplidos los  presupuestos  materiales  que  gobiernan  la  causal,  el defensor del condenado  ensaya  un camino bastante proceloso que remite a los principios de cosa juzgada  y  Non Bis In Ídem, buscando que se hagan valer los mismos, aún a despecho del  principio  de  taxatividad  que,  por  los  efectos de la decisión rescindente,  impera  en el examen de las causales de revisión, conforme lo destacan la Corte  Constitucional  y  ésta  Corporación  en los apartados jurisprudenciales antes  citados..   

         Con  una dicha postura argumental evidente surge que se abandona el escenario de  la  causal  propuesta  para  penetrar  en los meandros de una circunstancia que,  independientemente  de  su  certeza  o validez, resulta completamente ajena a la  naturaleza  y  efectos de la acción de revisión, emparentada como se halla con  criterios  de  legalidad  completamente  ajenos  a  ésta,  aunque  de legítima  postulación  en  sede  de  casación,  oportunidad  perdida  que ahora no puede  rescatarse,  precisamente,  como  se  anotó  al  inicio,  porque  la acción de  revisión  no  opera  subsidiaria  o  alternativa  del recurso extraordinario en  cita.   

       Por lo  demás,  cuando  menos  paradójico se advierte, y aquí también asoma evidente  la  razón  por  la  cual no puede constituir causal de revisión, que se busque  derrumbar   la  intangibilidad  de  la  cosa  juzgada  condensada  en  el  fallo  condenatorio,  a  fin de dejarlo sin efectos, pero ello dependa, argumentalmente  hablando,  de  que  se determine inamovible la supuesta cosa juzgada plasmada en  el  auto  interlocutorio  por  medio  del  cual  se  decretó  irregularmente la  preclusión de la acción penal por prescripción.     

           No  asiste  la  razón  al  accionante,  entonces,  cuando en su alegato final afirma que la  acción   penal   “…fue   declarada  extinguida  mediante  resolución  judicial  el día 31 de Diciembre de 1993, de ello no hay  discusión  alguna,  el  hecho  que  haya  sido ilegal o determinada por error o  desconocimiento  del  funcionario que instruyó, no es objeto de controversia en  este  momento  procesal…”,  sencillamente porque  ese  aspecto,  el  error  del funcionario, sí emerge trascendente de verificar,  pues,  en  tratándose  de  la causal propuesta se hace menester demostrar, para  que  el alegato de que no podía adelantarse la acción penal por prescripción,  tenga  sustento,   precisamente el hecho material referido al efectivo paso  del   tiempo   dentro   de   las   limitaciones  legales  establecidas  para  el  efecto.   

          La  disonancia  existente entre la causal planteada y lo sustentado argumentalmente,  da  al  traste  con  la  pretensión  del accionante, imponiendo desestimarla en  seguimiento  del  principio  de  taxatividad,   puesto  que las causales de  extinción  de la acción penal a que se refiere dicho motivo son únicamente la  prescripción,  la caducidad de la querella, la ilegitimidad en el querellante o  peticionario,  el desistimiento, la conciliación, la indemnización integral en  los  casos en que la ley le asigna a dichas figuras la potencialidad de concluir  el  proceso,  la  amnistía  o el indulto, es decir, fenómenos de demostración  objetiva  que  distan  mucho  de  corresponderse  con  esa  supuesta  causal  de  improseguibilidad  de  la  acción penal despejada por el accionante respecto de  la cosa  juzgada y su correlato de Non Bis In Ídem.   

En  mérito  de  lo  expuesto,  la  Sala  de  Casación  Penal  de  la  Corte  Suprema  de Justicia, administrando justicia en  nombre de la República y por autoridad de la ley,   

RESUELVE  

         

          Declarar  infundada la causal de revisión  invocada.   

          Notifíquese y cúmplase   

SIGIFREDO ESPINOSA PÉREZ  

JOSÉ LEONIDAS BUSTOS MARTÍNEZ                               ALFREDO     GÓMEZ  QUINTERO0   

MARIA    DEL    ROSARIOGONZÁLEZ    DE  L.                         AUGUSTO J.  IBAÑEZ GUZMÁN   

JORGE  LUIS  QUINTERO MILANÉS                               YESID     RAMÍREZ  BASTIDAS   

JULIO  ENRIQUE SOCHA SALAMANCA                         JAVIER   DE  JESÚS  ZAPATA  ORTIZ   

TERESA RUIZ NÚÑEZ  

Secretaria    

1  Sentencia C- 871 del 30 de septiembre de 2003   

2  Sentencia C-252 de 2001   

3  Sentencia  C-680 de 1996. Fundamento 4.2   

4  Auto del 22 de junio de 2005, radicado 23.807     

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