25972(28-07-08)

2008

Asistente Jurídico Inteligente

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    Proceso No 25972  

CORTE SUPREMA DE JUSTICIA  

SALA DE CASACIÓN PENAL  

Magistrado Ponente  

JORGE LUIS QUINTERO MILANÉS  

Aprobado   acta   Nº    206   

Bogotá  D.  C., veintiocho (28) de julio de  dos mil ocho (2008).   

V I S T O S  

La  Sala  resuelve sobre los presupuestos de  lógica  y  debida  argumentación de la demanda de casación interpuesta por el  defensor de JUAN PABLO ORTÍZ GONZÁLEZ.   

H E C H O S  

El juzgador de primer grado los sintetizó de  la siguiente manera:   

“En  la taberna  ubicada  en el sector de la calle 58 con carrera 86 Barrio Bosa sur de la ciudad  (Bogotá),  atendida  por  la  BARBY,  citada  así  en autos, la noche del 11 y  comienzo  del 12 de septiembre de 2004 se encontraban departiendo (libando trago  y  bailando)  en una mesa JUAN PABLO y LEONARDO ORTÍZ GONZÁLEZ (hermanos) y en  otra,   WILLIAM   JAVIER   y   JOSE   FRANCISCO   ORTÍZ   GONZÁLEZ  igualmente  hermanos.   A eso de las 2:00 de la madrugada del 12 de septiembre de 2004,  por  razones  relacionadas con ADRIANA PATRICIA VARGAS BENAVIDES, quien allí se  encontraba,  se originó enfrentamiento verbal y luego de hecho entre LEONARDO Y  JOSE  FRANCISCO  ORTÍZ  GONZÁLEZ,  habiendo  intervenido  posteriormente   WILLIAM JAVIER Y JUAN PABLO ORTÍZ GONZÁLEZ.   

“Comoquiera  (que)  intervinieron  entre  otras  RUTH  MARY  DIAZ  y  la persona encargada de  atender  el  negocio,  no  solo se terminó la gresca sino que los hermanos JUAN  PABLO  y LEONARDO ORTÍZ GONZÁLEZ fueron desalojados del recinto; transcurridos  unos  quince  minutos  salieron  las  demás   personas  que se encontraban  dentro  del  establecimiento  WILLIAM  JAVIER y JOSE FRANCISCO ORTÍZ GONZÁLEZ,  RUTH  MARY  y  GLADYS  DÍAZ  DIAZ,  ADRIANA  PATRICIA VARGAS BENAVIDES y SOL N.  Habían    avanzado  media  cuadra  cuando  escucharon  voces  de  auxilio,  voltearon  a  mirar,  era  SERGIO CAYCEDO FAJARDO (quien falleció) agredido por  los  hermanos  JUAN PABLO y LEONARDO ORTÍZ GONZÁLEZ, a lo que WILLIAM JAVIER y  JOSE  FRANCISCO  ORTÍZ  GONZÁLEZ  salieron  en  defensa  de  éste habiéndose  formado  la  gresca  por  segunda  ocasión  entre  éstos,  momento en que hizo  presencia  el  agente  HUMBERTO  NIÑO  ALVAREZ  comandante  de  la patrulla que  conoció  del  caso,  habiendo  realizado  las labores  correspondientes de  judicialización   del   caso,   dejando  a  los  cuatro   contrincantes  a  disposición de la autoridad”.   

A N T E C E D E N T E S  

1.   Por  los anteriores hechos, fueron  vinculados    a    través    de   indagatoria   JUAN  PABLO,  LEONARDO,      WILLIAM     JAVIER    y    JOSE   FRANCISCO    ORTÍZ  GONZÁLEZ.  Mediante resolución del 10 de enero  de  2005  proferida  por  la Fiscalía 42 Seccional de Bogotá, los dos primeros  fueron    acusados   como  coautores  del  delito  de homicidio (artículo 103 del Código Penal), mientras  que   los   segundos   fueron   favorecidos   con   decisión   de  preclusión.   La  acusación cobró  ejecutoria  el  24  de  enero  de  2005  (fl. 174-184, cuaderno original de la instrucción).   

2.  La  etapa  del  juicio  la tramitó el  Juzgado  30  Penal  del  Circuito de Bogotá que, el 19 de julio de 2005, dictó  sentencia  de primera instancia (fl. 89-108, c.o. del juicio) en la que condenó  a  JUAN  PABLO ORTÍZ      GONZÁLEZ     a  la  pena  principal  de 13 años de prisión y a la accesoria de  inhabilitación  para  el  ejercicio  de  derechos  y funciones públicas por el  mismo  término,  como  autor del delito de homicidio (artículo 103 del Código  Penal),  al tiempo que absolvió a LEONARDO ORTÍZ GONZÁLEZ del cargo formulado  en la acusación.   

Apelado  el  fallo  por  el  defensor  del  condenado,  el  Tribunal  Superior de Bogotá lo confirmó en decisión del 7 de  octubre de 2005.   

L  A      D  E  M  A N D  A   D E   C A S A C I Ó N   

Con  base en el cuerpo segundo de la causal  primera  de  casación  descrita en el artículo 207-1 de la ley 600 de 2000, el  defensor  del  acusado  formula contra la sentencia dos cargos, cuyos argumentos  se sintetizan así:   

Primer cargo:  

El     defensor    de    ORTÍZ  GONZÁLEZ   acusa al Tribunal  de      haber     incurrido     en     violación  indirecta  de  la  ley  sustancial  por  error de hecho  consistente  en  falso  juicio  de  identidad  que  tuvo  lugar al abstenerse de  apreciar la prueba conforme a las reglas de la sana crítica.   

Estima indirectamente violados, por falta de  aplicación,  los  artículos  103  y  9º  del  Código  Penal,  así  como los  artículos 232 y 233 del C. de P. P.   

En  desarrollo  del  cargo,  censura  que a  partir  de la presencia de ORTÍZ GONZÁLEZ  en  el  lugar  donde  tuvo  lugar  el  hecho punible –indicio    de    presencia-,    el  sentenciador   infirió   su  responsabilidad,  a  través  de  un  razonamiento  indiciario.    Afirma   que   de   esa  manera  el  fallador  incurrió  en  “un  falso  juicio  de  identidad  o  lo  que es lo  mismo   (en)  una  errada  conexión  del  hecho  indicador  con  el  indicado”  (pág. 5, demanda).   

Critica que el juzgador hubiera concedido al  indicio  de  presencia  el  valor  de  plena prueba; que no hubiera indagado por  otras  hipótesis  -diferentes a la participación del procesado- que explicaran  la  autoría  del  delito;  que  no hubiera demostrado de qué manera y por qué  razón  llegó  la  víctima  al lugar de los hechos, y si éste intervino en la  riña que precedió al hecho punible.    

Reprocha  que el Tribunal no le otorgara al  indicio  de  presencia  “el  valor  probatorio  que  realmente   tenía”;  que  no  hubieran  resultado  condenados  por  la  misma  conducta  punible  los  hermanos William y Francisco  ORTÍZ   González;   que   el   Tribunal  otorgara  credibilidad  al  dicho  de  “la  única  testigo” a  pesar  de  sus  contradicciones;  que  no  apreciara  que los hermanos William y  Francisco  Ortiz  González  pudieron estar interesados en que se condenara a un  falso  culpable,  ni  advirtiera  que  pudo  “haber  mediado   presión   de   intereses  ocultos  en  la  producción,  aducción  o  interpretación   de   la   prueba”   (pág.   11,  demanda)   

Dice  que  el  hecho  de la presencia es un  indicio   remoto,   insuficiente,  incierto,  carente  de la univocidad requerida para traer certeza  sobre  la responsabilidad por la comisión del delito, por cuanto la experiencia  enseña  que  no  todo  el  que está presente en el lugar de la comisión de un  delito puede tenerse como su autor (pág. 6-7, demanda).   

Asegura que el yerro es relevante porque no  existe  en  la  sentencia  ningún otro motivo, aparte del indicio de presencia,  que  le  permitiera al juzgador deducir la responsabilidad del acusado (pág. 9,  demanda).   Agrega  que  “de  seguro las cosas  hubieran  sido  distintas…  de  no  haber  existido  contra  él la equivocada  interpretación de las pruebas”.   

Solicita  a  la  Sala que case la sentencia  impugnada y profiera fallo absolutorio de reemplazo.   

Segundo       cargo       (único  subsidiario):   

Denuncia  que  el  Tribunal  incurrió  en  violación  indirecta  de  la ley sustancial al abstenerse de apreciar la prueba  conforme  a  los principios de la lógica, la sicología y la experiencia.    

El  impugnante reprocha que el razonamiento  probatorio   del   fallador   no   se  ajustó  a  los  principios  de  la  sana  crítica.   En  consecuencia, asegura que, de manera equivocada el fallador  predicó  la  certeza  de  responsabilidad  del  procesado y no advirtió que en  realidad  la  prueba  no  arroja más que duda sobre dicho aspecto.  Agrega  que  “lo que pretende deducir el fallador ad-quem no  corresponde  a lo que realmente se encuentra probado y su decisión se basa más  en  las  deducciones  suyas  y  del  a-quo  que  en  un  verdadero  análisis  y  confrontación  de  los  elementos de juicio que le pudieran dar una persuasión  de verdad” (pág. 16, demanda).   

Alega  que la presencia del procesado en el  lugar  de  comisión  del  hecho  punible “a lo sumo  tiene   un  carácter  tangencialmente  significativo  respecto  de  un  posible  vínculo  de  mi  defendido  con  los  sucesos  posteriores  al  hecho que se le  incriminó”   (pág.   15,   demanda).    Asegura  que,  de  haber  recabado el sentenciador en las dudas que surgen de la  actuación,  y de haber apreciado que el agente del DAS explicó las razones por  las  cuales  la víctima no se encontraba en el lugar donde se suscitó la riña  inicial  entre los hermanos Ortiz González,  habría desvirtuado  “la de por  sí  precaria  fuerza  probatoria  del  único  indicio incriminador” (pág. 18, demanda).   

Solicita  a  la  Sala que case la sentencia  impugnada y profiera fallo absolutorio de reemplazo.   

  CONSIDERACIONES   DE  LA  CORTE   

1.  Surge  indispensable  reiterar  que  el  escrito  con  el  cual  se pretende la casación de la sentencia debe reunir los  presupuestos   formales   de   lógica   y   debida   fundamentación   para  su  admisibilidad,   en  tanto  que  se  trata  de  una  impugnación  de  carácter  extraordinario  y  rogado,  máxime cuando el principio  de   limitación  impide  que  la  Corte,  de  manera  oficiosa, entre a suplantar o complementar al demandante.   

La   Sala   no   admitirá   los   cargos  propuestos,  toda  vez  que  encuentra  que  las  argumentaciones  que  los  sustentan  no  se  ajusta  a los  principios  de precisión, claridad, autonomía de las causales y argumentación  suficiente.    

Veamos:  

Respecto del primer  cargo,  la  Sala  advierte  que  si bien es cierto el  censor  atina  al precisar que dirige su ataque contra la sentencia a través de  la  infracción  a la ley sustancial descrita en la causal primera de casación,  así  como  al  señalar  que  la  violación  se  produjo  de manera indirecta,  también  lo  es  que  en  su  desarrollo  argumentativo  posterior confunde  de  manera ostensible varias de  las modalidades de violación indirecta de la ley sustancial.   

En efecto, el censor afirma inicialmente que  la  violación  indirecta  se  concreta  en  un  falso juicio de identidad en la  medida  que  a  un  hecho  indicador  –la  presencia  del  procesado en el lugar de la comisión del hecho  punible-  se  le  otorgó  un  cierto  poder suasorio con desconocimiento de las  reglas  de  la  sana  crítica.   Así  formulado  el  reproche,  lo que se  evidencia  es  una confusión  entre   los   presupuestos   del   falso   juicio   de   identidad  y  el  falso  raciocinio.    

La   confusión   del   censor  sobre  los  presupuestos  de  los  yerros  aludidos  conduce  a  un desarrollo argumentativo  carente  de  logicidad, toda vez que la Sala ha señalado que el falso juicio de  identidad  consiste en la tergiversación por el juzgador del contenido material  de  la  prueba  al  hacerla expresar lo que ésta naturalmente no dice, mientras  que  el  segundo  supone  que  la  integridad  material  de  la  prueba  ha sido  respetada,  pero  en  su  apreciación  el  sentenciador  se  ha apartado de las  máximas   de   la   sana   crítica.   En   uno   y   otro   caso  –ha dicho la Sala- es necesario que el  yerro haya sido determinante en el sentido del fallo.   

El  tratamiento impreciso y errático de las  diferentes  formas  de violación indirecta de la ley sustancial persiste cuando  censura  el  mérito  probatorio otorgado por el sentenciador al hecho indicador  de  la  presencia  del  acusado  en  el  lugar  del crimen, y al mismo tiempo le  reprocha   que   no   le  otorgara  al  mismo  hecho  indicador  “el    valor    probatorio    que    realmente    tenía”,  como  también  que  no  advirtiera  que pudo “haber  mediado  presión  de  intereses  ocultos en la producción,  aducción  o interpretación de la prueba”.  La  censura     así     formulada     –amén  de  que  carece  por  completo de demostración- parte de un  error  de  hecho  en  la  apreciación  de  la  prueba  para terminar en las dos  modalidades  de  error de derecho: falso juicio de convicción y falso juicio de  legalidad.   

Ahora  bien,  comoquiera  que  el libelista  acusa   que  el sentenciador incurrió en un error en la inferencia lógica  derivada   de   un  hecho  indicador  –la  presencia-,  así como en el mérito probatorio que le otorgó,  ello  permitiría  colegir  que  la  acusación  la  funda  en  el  falso   raciocinio.   Con  todo,  el  cargo así planteado resulta incompleto y nada demuestra.   

Se   hace   necesario   recordar  que,  en  tratándose    del   error   de   hecho   por   falso  raciocinio,  la jurisprudencia de la Corte, de manera  reiterada,  ha  precisado  que si el reproche se centra en el desconocimiento de  los  postulados  de la sana crítica, el censor debe indicar qué dice de manera  objetiva  el  medio  de  convicción,  cuál  fue  la apreciación que sobre él  edificó  el  juzgador, qué mérito persuasivo le fue otorgado, cuál postulado  de  la  lógica, de la ciencia o máxima de la experiencia fue desconocida y, de  manera  correlativa,  cuál  es  el  aporte científico correcto, la regla de la  lógica  apropiada  y  la  máxima  de  la  experiencia  que  debió  tomarse en  consideración, según cada caso.   

Agotada esa primera fase de la presentación  del  cargo,  es  deber  del  libelista  demostrar  la  trascendencia  del yerro,  indicando  cuál  debe ser la apreciación correcta de la prueba que cuestiona y  que,  de  no  haber  ocurrido  el  yerro, habría dado lugar a proferir un fallo  sustancialmente  distinto  al  que  es  objeto  de  censura.  Para ello, el  demandante  debe  abordar  la  demostración  de  cómo habría de corregirse el  error   probatorio   que  acusa  y  cómo  la  corrección  del  vicio  modifica  necesariamente  la  parte  dispositiva  de  la  sentencia.   Tal  ejercicio  argumentativo  comprende un nuevo análisis del acervo probatorio, en particular  una  nueva  apreciación de las pruebas respecto de las cuales se transgredieron  los  postulados  de  la  sana  crítica,  sin  dejar  pasar  por  alto que dicha  valoración  debe  realizarse  de  manera  conjunta y mancomunada con los demás  medios  probatorios  respecto  de  los  cuales no recae censura alguna y, por lo  mismo, se acepta su correcta apreciación.   

De  manera  complementaria,  la  Corte  ha  precisado   que  al  abordar  la  crítica  por  falso  raciocinio  no  se permite cuestionar la apreciación  probatoria  del  sentenciador  oponiéndole  la propia del recurrente puesto que  así  no  se  demuestra nada distinto al desacuerdo con la apreciación judicial  pero no una ostensible ilegalidad en ella.     

En  el  desarrollo  del  cargo  que ocupa la  atención  de  la  Sala,  el  casacionista  no  cumple  con todos los anteriores  presupuestos,  toda  vez  que,  en  primer  lugar,  no  atina  a  delimitar  cuál  en concreto fue la prueba  sobre  la  que  recayó  el  yerro  de apreciación, es decir, cuál es el medio  probatorio  en  particular  del que se sirvió el sentenciador para demostrar la  presencia del procesado en el lugar donde ocurrió el homicidio.   

Tampoco  acierta al  precisar  cuál  fue  el  mérito  probatorio  que  le  concedió  el juzgador y  pretende  hacerlo  afirmando que, de la simple presencia en el lugar fáctico el  fallador  dedujo  sin  más  la  responsabilidad  del  procesado.  Pero ese  aserto  no  es  exacto, puesto que por ninguna parte del fallo se observa que el  juzgador  hubiera concedido a la prueba que demuestra la presencia del procesado  en   el   lugar  del  ilícito  el  mérito  suficiente  como  para  deducir  la  responsabilidad.   

Aunque   es   cierto   que  el  impugnante  acierta  en  delimitar  una  regla  de experiencia válida, según  la cual, no todo el que se encuentra  presente  en  el  lugar  donde se comete un delito resulta ser necesariamente su  autor,   también   lo   es   que   con   ella   nada  logra  por  cuanto  el Tribunal nunca expresó que la  mera presencia fuera la prueba de la responsabilidad.   

La  anterior falencia en la postulación del  cargo  va  de la mano con el incumplimiento  de  otro  de  los presupuestos de la vía de censura escogida, lo  que  termina por dar al traste con el rigor argumentativo que exige la modalidad  de    ataque    alegada:    el    casacionista    no  realiza  un  nuevo análisis probatorio que involucre  aquellos  medios  de  convicción cuya apreciación no censura.  De haberlo  hecho,  hubiese  advertido  que  la  presencia  del procesado en el lugar de los  hechos   no   fue   la   única   circunstancia   que   condujo   a  deducir  su  responsabilidad.    

En efecto, para obtener dicha conclusión, el  sentenciador  consideró,  además, el dicho de la testigo presencial Ruth Nelly  Díaz  Díaz, su coincidencia y concordancia con el del policía Humberto Niño,  también  testigo  presencial,  el indicio de mala justificación, así como las  versiones  de  terceros  traídas  al  proceso  a través de la declaración del  citado policía (fl. 12-15, c.o. del Tribunal).   

Por lo tanto, el reproche no pasa de ser una  personal    apreciación  probatoria  del  censor,  la  cual, en esta sede no es idónea para demostrar un  yerro  evidente  y trascendente en la apreciación judicial.  Y aún cuando  hubiese  tenido  éxito  en demostrar un falso raciocinio en la apreciación del  hecho  demostrado de la presencia del acusado en el lugar de la muerte violenta,  tal   yerro  hubiera  sido  intrascendente   puesto   que   si   la  apreciación  viciada  se  retirara  del  razonamiento  probatorio,  la  decisión  de  condena  puede  mantenerse  con el  análisis  conjunto de los restantes medios de convicción que la soportan y que  el censor no cuestiona.   

Las demás argumentos del casacionista según  los  cuales  el proceso no demostró el motivo de la presencia de la víctima en  el  lugar  de  la  comisión  del  hecho  punible  y  que no se ahondó en otras  hipótesis  explicativas  de  la  muerte, no pasan de ser enunciados vacíos que  solamente  son  idóneos  para  demostrar  un  desacuerdo  con  la  apreciación  judicial    mas    no   una   trasgresión   a   las   máximas   de   la   sana  crítica.   

En           conclusión,  la argumentación del cargo  no cumple los requisitos de admisibilidad.   

En  lo que tiene que ver con el segundo  cargo,  éste tampoco reúne los  requisitos  de  admisibilidad  puesto  que  de  manera  ostensible carece de una  argumentación    suficiente    y   desconoce   el   deber   de   precisión   y  claridad.   

De  entrada  la postulación del cargo surge  deficiente puesto que no se  entiende  por  qué  se  propone  como  subsidiario  cuando,  en lo esencial, su  argumentación   y   la   petición  elevada  son  similares  a  las  del  cargo  anterior.   

Ahora bien, en cuanto al fondo del argumento,  el   accionante   critica   que   el   fallador   hubiera  deducido  certeza  de  responsabilidad,  cuando  la prueba del proceso no arrojaba sino un estado duda,  que debió resolverse a favor del acusado.   

En  lo  esencial, postula el mismo argumento  que  ofrece  en  el  anterior cargo, pero esta vez orientado hacia la violación  del  principio  del  in  dubio  pro  reo, asegurando   que  la  presencia  del  procesado  en  el  lugar  del  crimen    “a   lo  sumo  tiene  un  carácter  tangencialmente  significativo”  pero  no  trae  la  certeza  necesaria  para  condenar,  insistiendo  en  que  el  fallador  habría  advertido  la  duda probatoria si hubiese apreciado de manera diferente el dicho  del investigador del DAS.   

Así formulado el reproche, la Sala entiende  que  podría tratarse de una violación indirecta de la ley sustancial, por vía  del    error    de   hecho   consistente   en   falso  raciocinio.  Pero ni aún así la crítica tiene  éxito   porque   se   queda   en   el  enunciado  sin  demostrar  un  yerro  evidente  y trascendente.    

Sobre  el  reparo del casacionista, la Corte  tiene  dicho  que, cuando se trata de atacar en esta sede la indebida deducción  de  certeza por el sentenciador a partir de un estado probatorio que en realidad  solamente  arrojaba  duda, al censor “le corresponde  precisar  en  primer  lugar,  en  torno de qué asunto se cierne la dubitación,  luego  por qué no es posible eliminarla vista la actuación y, finalmente, qué  consecuencias  concretas  reporta  la hesitación de cara a las conclusiones del  fallo”1    

Es cierto que el casacionista menciona que la  duda  radica  en  la  deducción por el juzgador de la responsabilidad penal del  acusado  a  partir  de  su  presencia  en  el  lugar  del  homicidio.  Pero  no  advierte  que  para  el  sentenciador  el  aludido testimonio fue del todo irrelevante en el ejercicio de  apreciación    probatoria    que    lo    condujo   a   predicar   certeza   de  responsabilidad.   Tampoco se percata de que el juicio de condena lo fundó  de  manera  suficiente  en  plurales  medios  de convicción, de manera que, aun  cuando  se  demostrara  el vicio de raciocinio en la apreciación del indicio de  presencia,  tal  cosa  no tendría la menor relevancia para modificar el sentido  de la decisión.   

En  otras palabras, el casacionista reprocha  que  en  la  apreciación  de la prueba el sentenciador no hubiera visto la duda  probatoria,   pero   su   argumentación   se   dirige   a  atacar  –a  través  de  enunciados que no van  más  allá  de  proponer su personal apreciación- medios de convicción que no  fueron  determinantes  para fundar el juicio de responsabilidad.   Por  lo  tanto,  su  argumento  no  pasa  de ser uno de instancia que no demuestra la  existencia del yerro acusado.   

4.   Por  último,  se advierte que del  estudio  del  proceso  no  se  vislumbra  violación de derechos fundamentales o  garantías  de  los  sujetos  procesales que amerite el ejercicio de la facultad  oficiosa  de  índole legal que al respecto le asiste a la Sala para asegurar su  protección.   

En  mérito de lo expuesto, la CORTE  SUPREMA  DE  JUSTICIA,  SALA  DE  CASACIÓN PENAL,   

         R E S U E L V E   

INADMITIR  la  demanda  de  casación  presentada  por el     defensor   de   JUAN  PABLO ORTÍZ GONZÁLEZ, por   lo   anotado   en   la  motivación  de  este  proveído.  En  consecuencia,     se  DECLARA   DESIERTO   el  recurso.     

Contra  esta  decisión  no procede ningún  recurso.   

Cópiese,  notifíquese  y  cúmplase.   

SIGIFREDO ESPINOSA PÉREZ  

JOSÉ LEONIDAS BUSTOS MARTÍNEZ                                          ALFREDO     GÓMEZ     QUINTERO           

                                                   IMPEDIDA   

MARÍA  DEL  ROSARIO  GONZÁLEZ  DE  LEMOS                     AUGUSTO J. IBAÑEZ GUZMÁN   

JORGE  LUIS  QUINTERO  MILANÉS                                          YESID     RAMÍREZ     BASTIDAS                                             

JULIO  ENRIQUE  SOCHA SALAMANCA                                          JAVIER  ZAPATA ORTÍZ   

                                                                                                                                    

TERESA RUÍZ NUÑEZ  

Secretaria    

1  Radicación 18989, sentencia de 21 de julio de 2004     

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