25358(19-08-08)

2008

Asistente Jurídico Inteligente

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    Proceso No 25358  

CORTE SUPREMA DE JUSTICIA  

SALA DE CASACIÓN PENAL  

Magistrado Ponente  

JAVIER ZAPATA ORTIZ  

Aprobado Acta: 231  

Bogotá,  D.C., diecinueve (19) de agosto de  dos mil ocho (2008).   

D E C I S I Ó N  

Con  el  fin  de  verificar  si  reúne  los  presupuestos  formales  que condicionan su admisión, examina la Sala la demanda  de  casación presentada por  el  defensor  de  ALCIBIADES DURÁN AGUILAR,  contra  el  fallo del 25 de octubre de 2005, mediante el cual el  Tribunal  Superior  del Distrito Judicial de Ibagué,  revocó1  la  sentencia  adoptada  por el  Juzgado  Penal  del  Circuito  de Lérida,   el   11   de  febrero  de  2002,  que  lo  había  absuelto     por    el    delito    de  homicidio.   

H    E    C    H   O   S   

El 6 de julio de 1997, en la plaza principal  del  Municipio  de  Santa  Isabel  (Tolima), ALCIBIADES  DURÁN  AGUILAR,  le disparó en varias oportunidades  hasta  lograr su deceso a ALEXANDER CARO CABRERA, quien que se encontraba dentro  del  campero  Willys  de  placa  EKE  285,  conducido  por  JESÚS  JAVIER YEPES  RESTREPO.   

A C T U A C I Ó N    P R O C E  S A L   

1. El 6 de noviembre  de  1998,  la  Fiscalía  31  Delegada ante los Juzgados Penales del Circuito de  Lérida,  dictó  resolución de acusación      contra     ALCIBIADES     DURÁN  AGUILAR,    por    el    delito   de   homicidio2.  Proveído     recurrido    por    la    defensa    técnica    y    confirmado por la Fiscalía Delegada ante  el Tribunal de Ibagué, el 6 de abril de 1999.   

2. El 11 de febrero  de   2002,   el   Juzgado   Penal  del  Circuito  de  Lérida,                 absolvió   al   procesado  DURÁN    AGUILAR,    de   los   cargos  imputados.   

3. El 25 de octubre  de  2005, el Tribunal Superior de Distrito Judicial de  Ibagué,  en virtud de la apelación sustentada por el  Fiscal  31 Seccional, revocó  en  todas sus partes, la sentencia proferida por el funcionario de conocimiento,  condenando  a  ALCIBIADES  DURÁN  AGUILAR,  a  la  pena  principal  de  trece  (13)  años  de  prisión,  por  el  delito  imputado,  lo  inhabilitó  en  el  ejercicio  de  derecho  y  funciones públicas por el mismo  término  y,  lo sentenció al pago de perjuicios morales equivalentes en moneda  nacional, a veinticinco (25) salarios mínimos legales mensuales.   

4.  Inconforme  la  defensa  técnica  del  condenado,  atacó  el  fallo  de segunda instancia,  sustentando el recurso extraordinario que hoy califica la Sala.   

R   E   S   U  M  E  N     D  E    L A   D E M A N D A   

Sin haber motivado el ataque en alguna norma  procedimental,  afirmó  el  demandante  que  el  cargo  lo  formulaba  por vía  indirecta  por error de hecho, toda vez que el Tribunal de Ibagué, “omitió  analizar  y  apreciar  las pruebas que en forma legal y  oportuna  se  allegó  al proceso, no correspondiendo su decisión a la realidad  fáctica  y  probatoria”;  pues se ocupó solamente  del  testimonio  de  JESÚS JAVIER YEPES RESTREPO, e ignoró valorar el resto de  los medios probatorios.   

El  Juez  Colegiado,  sustentó  el  fallo  con     jurisprudencia    sobre    el   testimonio   único,   “sin    que    en    verdad   dicha   disposición”   se   pueda   aplicar   en   forma   concreta   al   “caso  particular,  valga decir, respecto al testimonio de JESÚS  JAVIER  YEPES  RESTREPO, al que le otorga serios motivos de credibilidad, cuando  es  precisamente  de lo que adolece esta prueba testimonial, tal como lo sostuvo  el Juzgado de Primera Instancia”.   

El  libelista  transcribió  apartes  de  la  sentencia  del  Tribunal,  en  donde  se  dijo, por ejemplo, que no se constató  algún  interés particular en cabeza del testigo directo, no obstante, sostuvo,  esa  es  una  “ligera  apreciación,  pues  todo lo  deduce  de la afirmación del testigo”, reseñado. A  renglón  seguido  aseveró  que  no  es cierto que su prohijado hubiera querido  comprar  al  declarante  “y  que el mismo procesado  aceptó  haber  estado  presente  en  el  lugar  de  los  hechos cuando tuvieron  ocurrencia”.  Descartó  el  indicio  de móvil por  grave    enemistad    entre    procesado    y   victimario,   por   “sus   frecuentes   enfrentamientos,   originado   (sic)  por  la  relación  amorosa que había sostenido el obitado con la hija del procesado, lo  que  originó  altercados anteriores, como el que Alexander Caro Cabrera hubiera  disparado  contra  la casa del procesado dando el disparo en la parte baja de la  cama  donde  se  encontraba  enferma  Genoveva  Rodríguez esposa de ALCÍBIADES  (sic)”.   

Se  refiere  el  actor  a  otros  indicios  reflexionados  por  el Tribunal como el de responsabilidad por la huída del hoy  condenado,  las amenazas que dijo recibir el testigo directo YEPES RESTREPO, por  haber  declarado  contra  el procesado; todo ello, no lo comparte el demandante,  como  tampoco  la afirmación del Juez colegiado, en donde dijo que “más  franqueza  en  un  testigo  imposible, pues fue consciente  hasta  el  último  momento del compromiso adquirido con la sociedad al señalar  la identidad del homicida voluntario, pese tales amenazas”.   

En  consecuencia,  dado que la demanda es un  escrito  libre  de  toda formulación casacional, los puntos más sobresalientes  del mismo, son:    

1) La declaración  de  JESÚS  JAVIER  YEPES  RESTREPO,  no  fue  avalada  ni corroborada por otros  testigos.   

2)  No se le puede  dar  el  carácter  de  indicio  grave  a la aparente huída de su prohijado del  lugar  de  los  hechos, menos a la enemistad entre víctima y procesado sugerida  por  la  instancia,  tampoco a los comentarios de querer comprar al testigo. Por  ello,  alegó  el  actor  que  “no es de recibo las  apreciaciones   hipotéticas,   las   presunciones   de  responsabilidad  y  las  deducciones  apriorísticas  sin fundamento alguno”.   

3) Se le impuso una  condena  a  su  mandante,  violándose  el  “debido  proceso”.   

4) El testigo JESÚS  JAVIER  YEPES,  incurrió  en  múltiples  contradicciones, como por ejemplo, la  determinación  exacta  de  la  hora  cuando  se encontraba, antes de morir, con  ALEXANDER  CARO  CABRERA;  por  tanto, “no es cierto  que  el  occiso  Caro… hubiera estado en compañía de Yepes… desde las ocho  de  la  noche  del  día  anterior  a  su  muerte”.   

5)    Las  incongruencias   de   YEPES,   “bien   pueden  ser  originadas  por  el  consumo  de  bebidas alcohólicas en alto grado tal como lo  exponen los testigos que se consultaron al respecto”.   

6) Se contradijo el  testigo  al  haber  reconocido  como  el responsable de la muerte a su prohijado  cuado  los  hechos  sucedieron  de  noche  y  en  la audiencia no supo qué ropa  llevaba  puesta,  sí  tenía  o  no ruana; argumentando que ello se debía a su  estado nervioso.   

7)  Tampoco  es  creíble   la   versión  de  YEPES,  cuando  sostuvo  que  al  momento  de  los  acontecimientos,  él  estaba reversando su vehículo con la cabeza por fuera de  la  ventanilla,  y  al mismo tiempo no podía identificar al agresor, ni haberse  dado  cuenta  en  qué sitio del automóvil penetraron los disparos, porque eran  momentos      muy      “apremiantes”, los que vivió el testigo.   

8)   Que   los  declarantes  WALTER  SÁNCHEZ  ÁVILA  y  WILSON  CHAPARRO ESPEJO, no estuvieron  presentes al momento de los hechos ilícitos.   

9) Que su prohijado  negó   ser   el   autor   material   del  homicidio,  puesto  que  “el  individuo  que  lo  acompañaba  vestía  una ruana y salió  corriendo  hacía  el lado de la plaza, no dándose cuenta si este individuo fue  el   que   disparó,   o   si   lo   hizo   lo   realizó   por   debajo  de  la  ruana”.  Versión del procesado que fue corroborada  por  LUIS  ALBERTO  RODRÍGUEZ,  OSCAR  MANUEL GRANADA AGUILAR y WALTER SÁNCHEZ  ÁVILA,  quines  manifestaron  que  luego  de los disparos un hombre de ruana se  mezcló en la multitud que estaba ingiriendo alcohol en la plaza.   

10)  Su  mandante  “no  niega  su  cercanía  al  lugar  de los hechos  cuando  estos  se desarrollaron, y su presencia no puede tomarse como un indicio  de  responsabilidad”, porque él residía a escasos  metros donde sucedieron los hechos.   

11)  El  testigo  único no merece credibilidad.   

12)  Los  hechos  “sangrientos  bien  pudieron  suceder como lo (sic)  relata  el  mismo   procesado, quien afirma que la puerta del vehículo, la  del  lado  derecho  del  asiento  ocupado  por  el  ahora interfecto fue abierta  siguiendo  a  ello  la  secuencia  de  disparo de arma de fuego”; motivo  por  el  cual, el libelista, argumenta que esa aseveración  del procesado “puede ser cierta”.   

13)  La Corte debe  revisar   “cuidadosamente  la  crítica  probatoria  hecha    por   el   Juez   Penal   del   Circuito   de   Lérida…   sobre   el  testimonio” del testigo directo.   

14) El Tribunal, no  observó  “en  forma  alguna  las reglas de la sana  crítica  y  demás  ciencias auxiliares para analizar el testimonio del testigo  de  cargo,  simplemente  no  lo  analizó  y  en  forma ligera y sin profundidad  alguna,  pasando  por  alto la cantidad de vicios que acompañaban el testimonio  de  YEPES  RESTREPO,  en  forma  lamentable para los intereses de la justicia le  otorga   credibilidad  que  no  se  merece,  atentándose  contra”,  el  debido  proceso,  el  indubio  pro  reo  y la presunción de  inocencia.   

Por  consiguiente,  solicitó  se  revoque  integralmente   el   fallo   del   Tribunal   y   en   su   lugar   “CASE  LA  SENTENCIA  PROFERIDA POR EL JUZGADO PENAL DEL CIRCUITO  DE  LÉRIDA  (TOL.),  QUE  ABSOLVIÓ  A  ALCÍBIADES  (sic)…  de los cargos de  homicidio”   

Como normas infringidas, citó los artículos  232,  238  y  277 del Código de Procedimiento Penal. Violó, demás, la segunda  instancia     “el     principio    del    debido  proceso”,   artículo   29   de  la  Constitución  Nacional;  así  como también, se le debe aplicar a su prohijado el precepto 13  de   la  Carta  Política,  “dándole  el  trámite  correspondiente,  atendiendo  las  condiciones  económicas, físicas y mentales  del  procesado  ALCÍBIADES…  para  que  de  esta  forma  pueda  acceder  a la  administración de justicia”.   

CONSIDERACIONES                 DE   LA  SALA   

La censura presentada a favor de  ALCIBIADES DURÁN AGUILAR, no reúne los  presupuestos  mínimos  de  coherencia y lógica-argumentativa puntualizados por  la     jurisprudencia     para    admitir    la    demanda    de    casación,  pues  si  bien,  propone como  punto  de  partida  para  lograr  la infirmación del fallo de segundo nivel, la  vía  indirecta  por  error de hecho, en su desarrollo y demostración incurrió  en  graves  fallas  que  atentan  contra  la  filosofía  que inspira el recurso  extraordinario.   

No es un escrito de libre confección con el  que  se pretenda derrumbar la doble presunción de acierto y legalidad que viene  atada  a  los  fallos,  tampoco  es una adición de ideas en búsqueda de un fin  jurídico  subjetivo  o  hipotético  para  asegurar la demostración del ataque  propuesto.   

Como  metodología,  la  Sala  abordará la  calificación  de  la  censura  en  aquellos  puntos  más  sobresalientes a fin  determinar  de  manera precisa, las falencias de mayor impacto, con el objeto de  brindarle  al  demandante  suficiente  claridad  en  torno  a  los desatinos que  presenta su escrito.   

El           primer  error  se  traduce  en  no  haber  seleccionado   y,   menos  aún,  sustentado  uno  de  los  sentidos  que  tiene  establecidos  la  jurisprudencia cuando se evoca error de hecho, para atacar los  fallos,  por  ejemplo,  falso  juicio de existencia, falso juicio de identidad o  falso raciocinio.     

El           segundo  yerro  del  demandante tiene que  ver,  con  la  mezcla  que  realizó  de  la  vía  primera, cuerpo segundo, con  violación  al  debido  proceso, propio de la causal tercera que debe proponerse  con  fundamento en las causales de nulidad. Conformó, pues, un solo texto, como  si   fuera   un  escrito  de  libre  factura,  sin  mediar  ningún  presupuesto  jurisprudencial   a   fin   de  argumentar  en  debida  forma  su  libelo.    

El           tercer  desatino,  consistió  en  haber  olvidado  sustentar el ataque con base en alguna norma procedimental, situación  que  lo  sacó  del  ámbito  jurídico por el cual, el caso debía regirse, por  ejemplo, Decreto 2.700 de 1991 o Ley 600 de 2000.   

El           cuarto desquicio se concretó en el hecho  de  querer  imponer  su  criterio  jurídico  por  encima  del  expuesto  por el  Tribunal,  pretendiendo  asumir  que  sus  argumentaciones  son  verdaderas, sin  ningún    fundamento    jurídico    probatorio    en   los   que   se   puedan  consolidar.   

Sin  que se entienda que es una respuesta de  fondo,  sino  como  una  actividad  pedagógica  que  viene  realizando la Sala,  adicional  a  sus  funciones,  es  oportuno  expresar  que  en el fallo del Juez  Colegiado  se  indicó  que  el  testigo  presencial  no  divagó, fue claro, se  mantuvo  en  el concreto señalamiento contra el hoy sentenciado; nunca fabricó  “intrincados  relatos”,  siempre    expuso    en    forma    “constante   e  inmutable”  todo  lo que le constaba, explicando en  la  audiencia  pública  por qué insistía que ALCIDIADES fue el autor material  del  homicidio  contra  ALEXANDER  CARO  CABRERA:  “  porque  yo  me  encontraba  dentro  del  carro  de  mi propiedad y ví al señor  ALCIBIADES  DURAN (sic) disparándole a ALEXANDER, en el carro me encontraba con  ALEXANDER  CARO,  yo estaba al lado del chofer lado izquierdo y ALEXANDER estaba  a mi derecha”.   

El   Tribunal,   además   de   imprimirle  credibilidad   al   deponente   principal,   optó   por   traer   como  pruebas  incriminatorias    algunos   indicios,   como    el    de    móvil,  por  la  enemistad  entre  víctima y victimario, generada por la  relación   amorosa  que  sostenía  la  hija  del  penado  con  el  óbito.  El  indicio  de huída, toda vez  que,  “hecho  el  señalamiento  concreto  al autor  doloso   de   los  disparos,  se  dio  a  la  fuga  sin  que  fuera  posible  su  aprehensión”.   

Además, el interés del procesado de comprar  al  único  testigo  presencial  de  los  hechos para que declarara a su favor y  “tergiversar    los   acontecimientos”.    

El           quinto  desacierto,  tiene que ver con el  principio  de  trascendencia,  el  que  ignoró  por  completo  y,  sin el cual,  cualquier  ataque por vía extraordinaria resulta insustancial, al no demostrar,  justamente  de  la  mano de tal postulado, el quebranto de una norma de derecho,  que haría ilegal la sentencia demandada.   

Como  se  entiende,  el  libelista  pretende  –contra toda valoración  jurídica-  que imperen sus apreciaciones genéricas, subjetivas e hipotéticas,  sobre  las  expuestas  por  los  falladores;  por  ejemplo,  cuando  afirmó que  “no  es cierto que el occiso Caro… hubiera estado  en  compañía  de  Yepes…  desde  las ocho de la noche del día anterior a su  muerte”,  sin  fundamento  legal  o jurisprudencial  alguno  que  amerite  un  nuevo  estudio  sobre  el  particular. Se violentaron,  entonces,  los principios de claridad, no contradicción, trascendencia y razón  suficiente que rigen la casación.   

La  prueba  incriminatoria  fundamento de la  sentencia  condenatoria,  además de la credibilidad otorgada por el Tribunal al  testigo  presencial de los hechos delictivos, también fue por indicios, los que  dejó   intactos   el   actor,   con  tal  proceder,  resultó  insustancial  su  ataque.    

Cuando  se  pretende  cuestionar  el mérito  persuasivo  de   la  prueba  indirecta,  tendrá  como  meta  didáctica el  demandante  determinar:  i)  qué  dice de manera objetiva el medio, ii)    qué    infirió    de    él    el    juzgador,   iii)   cuál  valor  persuasivo  le  fue  otorgado,  iv)  indicar  la  regla    de   la   lógica   omitida   o   apropiada   al   caso,   v)   o   señalar   la   máxima  de  la  experiencia  que debió valorarse, con el objetivo de probar que el fallo motivo  de impugnación tuvo que ser sustancialmente opuesto.   

Por  último,  es  deber  intelectual  del  libelista  mostrar  cuál  es el aporte científico correcto y, por supuesto, la  trascendencia  del  error,  para   lo  cual  tiene  que  presentar  un  nuevo  panorama  fáctico-jurídico,  contrario  –desde luego-  al declarado en instancias.   

Se  verifica,  entonces,  que  el demandante  presenta  una   alegación  producto  de su propia percepción del derecho,  los  hechos  y  las  pruebas contra lo afirmado por los Jueces de instancia, sin  ninguna   prevalencia  en  la  lógica-jurídica  requerida  para  sustentar  la  demanda,  con  lo  cual  todas  sus  pretensiones se alejan de la filosofía que  ilumina el instituto casacional.   

Los defectos sustanciales enunciados atrás  no  le  dejan  otro  camino  a  la  Sala  que inadmitir  la   demanda   de   casación,  presentada  a  favor  de     ALCIBIADES     DURÁN    AGUILAR,  de  conformidad  con lo consagrado en el artículo 213 de la Ley  600  de  2000;  sin  olvidar  que,  estudiado  el  proceso,  no se percibe en su  contexto,  que se hubiese violentado alguna garantía fundamental que amerite el  facultativo  ejercicio  de  la  oficiosidad,  en  virtud  de  lo dispuesto en el  artículo 216 de la misma obra instrumental citada.   

Con   fundamento   en   lo   expuesto,  la  Sala  de  Casación  Penal  de  la  Corte  Suprema de  Justicia,   

R   E   S   U  E  L  V E   

Primero:  inadmitir   la   demanda   de  casación  presentada  a  nombre  de     los     sentenciados  ALCIBIADES  DURÁN  AGUILAR,  en virtud de lo argumentado en párrafos  precedentes.   

Segundo  Contra  la  presente  decisión  no  procede  recurso  alguno.   

Tercero:  Cópiese,  notifíquese,   cúmplase  y  devuélvase  al  Tribunal  de  origen.   

SIGIFREDO ESPINOSA PÉREZ  

JOSÉ LEONIDAS BUSTOS MARTÍNEZ                                ALFREDO      GÓMEZ  QUINTERO   

MARÍA  DEL  ROSARIO  GONZÁLEZ  DE  LEMOS                      AUGUSTO J. IBAÑEZ GUZMÁN   

                    

JORGE  LUIS  QUINTERO  MILANÉS                                          YESID    RAMÍREZ    BASTIDAS               

JULIO  ENRIQUE  SOCHA SALAMANCA                                          JAVIER ZAPATA  ORTIZ   

TERESA RUIZ NÚÑEZ  

                   Secretaria   

    

1  El  Juez  Colegiado  lo condenó  a  la  pena de trece (13) años de prisión, a la inhabilidad en el ejercicio de  derechos  y  funciones  públicas  por  el  mismo  lapso y al pago de perjuicios  morales de 25 salarios mínimos legales mensuales.   

2 Con  fundamento  en  la descripción típica prevista en el artículo 323 del Decreto  Ley  100  de  1980, modificado por la Ley 40 de 1992, artículo 29: “el  que matare a otro incurrirá en prisión de veinticinco (25)  a cuarenta (40) años”.     

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